Un prisma para luz blanca

Como la luz blanca y pura que emana del foco Sol y al pasar por el prisma se descompone según su longitud de onda en siete colores, desde el rojo al violeta, siendo ambos el de mayor y menor energía respectivamente. También las huellas del espectro pueden  acumularse  en torno al azul o al rojo según el foco se aleje o acerque al observador  o, la falta de alguna de ellas, indicarnos la composición química de su naturaleza o del medio que atraviesa. En definitiva, estudiando el espectro podemos deducir el comportamiento y naturaleza del foco de luz. Igual pude sucedernos con la ciudadanía y la política si sus anhelos, necesidades e ilusiones  - luz blanca-  pasan por las urnas. En este caso, se descompone según educación, principios, e intereses que en ese momento fermenten en el seno de la sociedad y del resultado del espectro, tras su estudio, extraer consecuencias de la naturaleza del foco o del futuro vivificante que le aguarda y la velocidad a la que nos alejamos o a cercamos a él.
En estos tiempos que la huella de nuestro paradigma se acumula sobre  el azul cielo, principio del engaño y corrupción, indica un aumento geométrico de la velocidad que aboca con pasmo de la ciudadanía  al agujero negro de la miseria y dependencia, a  pesar de que de la mayoría de las rayas del espectro se capte la necesidad de honradez y dignidad en torno al rojo y al violeta, pero la aquiescencia de las interpretaciones sesgadas no contemplen esta posibilidad y nos proponen una terceras elecciones que deshonrarían a  quienes no las evitaran; ¿De los políticos? ¿De los ciudadanos? ¿Del bipartidismo?, quizás sí. Pero no, es para  honra y dignidad de la ciudadanía que busca  decencia, democracia, consenso para el Gobierno y la honradez de las Instituciones como base imprescindible para configurar el futuro vivificante de la nueva “luz blanca”. No hay miedo. Pasar otra vez por el prisma electoral denotaría, en cualquier caso, un celo por la honradez y la dignidad de un pueblo que rechaza la legitimación de una corrupción endémica e inasumible y denigraría, aún más, a la parte “azul cielo” del espectro político hallado.


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