¡Ay compañeros!

Ahora que me siento incapaz de ver la realidad del país desde la razón, como si desde el glaucoma la advirtiera, acudo a la intuición para encontrar el antídoto del estrés que a ratos me envuelve por las manchas observadas sobre la realidad que se me antojan ocasionadas por un pasado que no se determina a ir.
 Por un lado, la derecha tramontana -arriba - cegada por la avaricia de la íntima corrupción está imposibilitada para encontrar aliados de gobierno y por tanto descartada, ya que, quienes le reemplazan y que en su día alimentaron una civilizada derecha ilusionante van desembarcando en más de lo mismo, envueltos en enredos calumnia e insultos que no digieren y se contentan con el quince por ciento de aquellos de arriba.
 “Abajo”, un Psoe inmovilista, incapaz de desmontar puertas giratorias y asumir propuestas populares que le sobrepasan; después de ciento treinta y siete años de hegemonía progresista, comienza a dejar ver una debilidad “ficticia” que no sabe resolver su elite, obcecada de bipartidismo, cuando el pueblo llano que les apoya lo tiene meridianamente claro. La debilidad que les ofusca les ha llevado a una dicotomía fácil de resolver si miran a los de “abajo”.  Si no aceptan gobernar con Podemos, en el mejor de los casos, serán oposición del PP y si encima quedan como tercera opción política, inducirá un desmembramiento inasumible en el partido por los quebraderos de cabeza que provocara a sus gentes y al país. Si quedan segundos, tampoco llegaran a la Moncloa. Por el contrario, si al mirar hacia la izquierda – abajo – y explícitamente admiten gobernar con Podemos habrán superado la  debilidad abriendo las puertas que al día de hoy están bloqueadas, como pueda ser que muchos de sus votante, que apoyan a Podemos, le devuelvan la confianza y evitaran ser tercera opción con todo lo que pueda suponer. Rota la cadencia devastadora de la merma de votantes que aboca al “sorpaso”, por más que digan que no les importa el séptimo círculo del averno político; lo que está lejos de sus cualidades para digerirlo y evitar la necrosis de  parte de su íntima esencia.
Vale la pena evitar la gangrena que se nos viene encima y soportar el mal menor de aceptar a la ciudadanía de Podemos que no solo dignifica democráticamente, sino que como fruto da la Moncloa.

 Nuestro País se merece mejor política y democracia.

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