Los otros

          Nacer, desarrollarse y morir es inherente  a cuanto existe y especialmente en los seres vivos, y ¿por qué no, en lo social? No veo causa para que esto no ocurra: se evoluciona y los principios que rigen una época dejan de serlo para dar paso a otros paradigmas. Así pues, el paradigma de la Transición, hoy en boga, también debe de ajustarse a esta fenomenología: comienza en el golpe de estado de 1936, se desarrolla en el seno  del Ejército y la Iglesia del Nacional-Catolicismo y su declive se inicia con  la Constitución del 1978. No importa mucho si cuanto digo es causa de controversia, lo acepto. Lo que importa es como se ha sentido la gente de esta época y me consta que el dolor y el sufrimiento  marcaron indeleblemente muchas vidas. Les aniquilaron  ilusiones y proyectos  con seres queridos que, un día sin sentido, perdieron. Estos Otros son lo que me preocupan. Esos, que por su condición no tienen aún apologistas, ni tienen historiadores. Sí, a aquellos que han sido ellos mismos sus apologistas, sus siquiatras y, con ese bálsamo de Fierabrás afrontaron las dificultades  y con su yelmo de Mambrino se protegieron de los golpes por los cuales mueren, o mejor, no viven: les hablo de los que se educaron en el crisol del Franquismo, de los que por nada de valor los sacrificaron socialmente, cuando se les privó de ser ellos mismos por designios de una falsa ideología que propicio la hipocresía, la calumnia, la reprobación de sus vecinos y las estafas y, en muchos casos, el secuestro de los hijos.
          Quiero, hoy, recordar al que todavía lucha con sus propias dudas en la más estricta intimidad para superar educación y paradigma tan decadente y cruel, y, aun hoy, en el vaho de su aliento  se respira dictadura.
          Cuando ellos superen este sufrimiento y  el vaho que exhalen sea  rocío de la aurora, entonces y sólo entonces, habrá acabado la Transición.
          Para ellos estas páginas en las que, a modo de pinceladas de recuerdos de un niño, pretenden transmitir una imagen impresionista de lo que fue la posguerra y esa dictadura franquista.
    Algunos párrafos de la obra que pretendió llamarse: Franco, mi padre se asomaron por Internet y rápidamente le escribieron a la hija del dictador unas memorias con el aludido título, por lo que estas, las mías, lo harán bajo el epígrafe: Calibos de hoguera.

                                                                                       El autor


0 COMENTARIOS: