Hoy, educación

Fray Liberto no sabe cómo antropólogo, ni analista, ni político, ni ni-ni. Solo jubilado, mediatizado por una información interesada y manipuladora, se aferra a los hechos y la intuición como herramientas de buceo en la realidad y con el sedimento que algunas lecturas dejan en el acervo del conocimiento, se lanza a la tarea de contestar ¿Esto qué es? .
Hoy ha reflexionado sobre Educación porque ayer, desde su jubilación, disfrutó del XXV aniversario del IB Ciudad Jardín de Sevilla, donde ejerció durante sus trece últimos  años de docencia. El evento, que trascurrió dentro de un marco estrictamente académico, sin apenas alumnos, sin apenas profesores y con la manifiesta ausencia de padres, fue amenizado por un cuarteto de prometedores jóvenes violinistas. Los directivos que cubrieron la época, comandados por el que en la actualidad rige, fueron desgranando entre exquisitas notas de violín algunas  anécdotas y vicisitudes de las etapas por las que pasó el Centro y entre las que se narraron,  destacaría dos que llamaron  la atención porque no solo obviaron el fondo de cuestión, sino que recordaron, de alguna manera, las interacciones sociales en las que se debatió la esencia de la finalidad educativa. Una, la que se refirió al insulso y actual nombre del Centro que vulgarmente es conocido por  El Matadero debido a su  original  función. En las propuestas que hubo para referencial al alumnado figuraba la de Salvador Tabora nacido en el Cerro del Águila donde se ubica el centro y por sus relaciones con  la Cuadra y su sustrato político filocomunista se deshecho, junto a otras de índole similar y así prevaleció el inane  Ciudad Jardín. La otra cuestión, fue el nombramiento sin elecciones del director José  Viñuela, hoy recordado por su buen hacer y su enfermedad terminal. Este caso, también merece un comentario, pues sin elección no fue nombrado. Los nombramientos los hacia la Administración oído el claustro, si la propuesta era asumida por mayoría absoluta la hacían efectiva. En este tiempo de principio de siglo ya tenía fuerza la necesidad de implicar a los padres en la educación de los hijos y se hablaba, la idea aún estaba lejos de una realidad operativa, de institucionalizarla por medios aun indefinidos y en fase de debate; los alumnos planteaban problemas de convivencia y rendimiento que debían de atenderse imperiosamente y a Fray Liberto le pareció interesante proponer su alternativa y pergeñó un programa donde se arbitraba un “aula” para padres, autogestionada y con apoyo sicológico. A duras penas, también encontró un equipo directivo para gestionar la propuesta y gano la consulta en claustro por mayoría simple. La papeleta pasó a la Administración que convocó una reunión  con todos los profesores del centro que cumplieran la normativa para ser directores. En ella, y en renglón a parte, la inspectora, se ofreció aceptar el nombramiento de la propuesta si se accedía a sustituir el secretario y Fray Liberto no aceptó; el dedo señaló a  Viñuelas,  pero hubo elecciones. En el bullir educativo se cocía entorno al alumno y en ésta efemérides, por supuesto, solo tocaban el violín.
Del ágape qué decir, triste y encarecido, solo agradable por el encuentro de generaciones docentes que comentaban vicisitudes de los tiempos presentes y anteriores mezclados entre afectos y surgió lo de los programas que casi nuca se completaban y pasaban al capítulo de deficiencias para el año siguiente. Los nuevos profesores, con ironía, puntualizaban de qué programación habláis, si hoy entre que se sientan y se callan solo da tiempo a decir “hasta mañana” y así sucesivamente. Para que haya programas finalizados es preciso más y mejores recursos humanos y financieros y eché de menos aquel “aula” que en décadas anteriores se proponía. A la vez, se comentaba con los nuevos profesores las diferencias estructurales de la educación donde siempre estará presente una patente tensión entre el estamento educativo y la Administración; los primeros enfocan los objetivos en función de  una formación integral del individuo, mientras la administración está interesada reproducir e inculcar los valores de la sociedad que la sustenta. En este punto, vino a la memoria otra efemérides, aquella en la que un ministro del Sistema Dias Ambrona pretencia asistir a un centenario salesiano en Utrera, sin visitar centros públicos. Nos pareció  inadecuada su actitud, eran tiempos de controversia entre Enseñanza pública o privada y nuestro claustro decidió forzar, mediante huelgas, la  visita del prócer al I.B  Ruiz de Gijón de Utrera. Juan Salinero ante las amenazas de huelga que recibía opto por consentir la visita del ministro a nuestro centro. Pretendía el Delegado de Educación: boato, banderitas y ágape y se lo concedimos, como boato se le tenía preparado un plano del centro donde se podía observar que la fachada principal  daba al patio donde los residuos de candelas eran patente y la fachada de la espalda del edificio asomaba su  herrumbre a la calle principal, un despropósito constructivo y así sigue. Las banderitas se le pusieron cuando intencionadamente entro en una clase de dibujo, pues el trabajo del diario no se suspendió con la vita y el ministro dialogó con algún alumno sobres cuestiones culturales; el jefe de estudios le mostró la matriz sociométrica del grupo y las estadística de los intereses culturales de los alumnos, cuyo cuestionario rellenaron durante el primer mes del curso y respecto al ágape que habían solicitado, el ministro tomo su café en la barra del bar del centro amenizado por los representantes de la asociación de padres.
No había terminado el curso y los patios estaban arreglados,  los laboratorios dotados, la secretaria con recursos y el Delegado de Educación, Juan  Salinero, cesado porque no pudo deshacer el entuerto de la construcción del edificio y no se dejó de oír aquel halago que hizo el Gobernador Civil mientras caminaba tras el ministro junto a Pepe Dorado, Alcalde de Utrera y el Delegado de Educación: ¡Quien es ese  hijo de puta que va con el ministro!

Como se puede comprender la cara y la cruz de la lucha por la Educación ha pasado de ser reivindicaciones externas y materiales a las más difíciles e interiorizadas del hoy por  conseguir  que al alumno se interese por su propia educación, donde le acecha un barbecho de intereses sesgados alejados del individuo y lo social. Con tres millones de parados que por su educación hay que recuperar para hoy y no para mañana.

0 COMENTARIOS: