de RRG


La noche de dios
La cultura en España, cerradamente unitaria, nos ha dejado mutilados de nuestra mayor riqueza: la diversidad, y el daño se ha hecho desde la escuela primaria donde se propició que éramos una unidad de destino en lo universal cuando se debió enseñar que, si somos una unidad, sería coexistente a la diversidad fecundísima. Y como consecuencia del error, hoy vivimos la pavorosa incertidumbre de los políticos y analistas mediáticos que esparcen con su ventilador sobre la ciudadanía cuando meridianamente se les demanda un cambio, una transformación hacía la diversidad. Entre tanto, se debaten en un marco numérico que no serán capaces de cuadrar para organizar gobiernos. Lo que vivimos  políticamente no es un estadillo de cifras en el magma de una unicidad cultural, ya volatilizada del interiorismo ciudadano y expresado en urnas,, se trata de interpretar conceptos y en particular el de la diversidad que define a España.
 Así las cosas, los más listos de la clase que han leído lo del nudo gordiano de Alejandro Magno, que liberó el carro de Gordino cortando con la espada el nudo que lo fijaba y conquistó Asia. Han propuesto la nominación de un presidente independiente dando un hachazo a la cuestión y les recuerdo que Zeus aprobó la solución de Alejandro. Pero si no parece bien esta solución, como diría el humorista, tengo otra que quizás sea mejor. Si en esta noche de dioses se acostaran menos borrachos los políticos y pensaran dónde está la España de hoy, seguro que con la honradez que se le supone, olvidaran los cencerros de la unicidad y junto con la natividad divina alumbraran la solución que de paso a lo que realmente importa y se necesita. Donde quepa que, si Barcelona es la antena que comunica con Europa, lo que capta, Madrid lo eleva a la categoría de acontecimiento nacional.
De otra forma se enredaran en lo de siempre: castellanismo o mediterraneidad, noventayochismo con su carga de anarquismo de vago idealismo o modernismo de estética funcional que obvia al vulgo municipal y espeso, como dijera Diaz- Plaja, y no lleguen a nada plausible, terminado en más de lo mismo.
Que la noche de dios nos de inteligencia, prosperidad, salud y facultades políticas honradas para salir de esta.

                            Feliz Navidad


Los otros

          Nacer, desarrollarse y morir es inherente  a cuanto existe y especialmente en los seres vivos, y ¿por qué no, en lo social? No veo causa para que esto no ocurra: se evoluciona y los principios que rigen una época dejan de serlo para dar paso a otros paradigmas. Así pues, el paradigma de la Transición, hoy en boga, también debe de ajustarse a esta fenomenología: comienza en el golpe de estado de 1936, se desarrolla en el seno  del Ejército y la Iglesia del Nacional-Catolicismo y su declive se inicia con  la Constitución del 1978. No importa mucho si cuanto digo es causa de controversia, lo acepto. Lo que importa es como se ha sentido la gente de esta época y me consta que el dolor y el sufrimiento  marcaron indeleblemente muchas vidas. Les aniquilaron  ilusiones y proyectos  con seres queridos que, un día sin sentido, perdieron. Estos Otros son lo que me preocupan. Esos, que por su condición no tienen aún apologistas, ni tienen historiadores. Sí, a aquellos que han sido ellos mismos sus apologistas, sus siquiatras y, con ese bálsamo de Fierabrás afrontaron las dificultades  y con su yelmo de Mambrino se protegieron de los golpes por los cuales mueren, o mejor, no viven: les hablo de los que se educaron en el crisol del Franquismo, de los que por nada de valor los sacrificaron socialmente, cuando se les privó de ser ellos mismos por designios de una falsa ideología que propicio la hipocresía, la calumnia, la reprobación de sus vecinos y las estafas y, en muchos casos, el secuestro de los hijos.
          Quiero, hoy, recordar al que todavía lucha con sus propias dudas en la más estricta intimidad para superar educación y paradigma tan decadente y cruel, y, aun hoy, en el vaho de su aliento  se respira dictadura.
          Cuando ellos superen este sufrimiento y  el vaho que exhalen sea  rocío de la aurora, entonces y sólo entonces, habrá acabado la Transición.
          Para ellos estas páginas en las que, a modo de pinceladas de recuerdos de un niño, pretenden transmitir una imagen impresionista de lo que fue la posguerra y esa dictadura franquista.
    Algunos párrafos de la obra que pretendió llamarse: Franco, mi padre se asomaron por Internet y rápidamente le escribieron a la hija del dictador unas memorias con el aludido título, por lo que estas, las mías, lo harán bajo el epígrafe: Calibos de hoguera.

                                                                                       El autor


Colegio de La Inmaculada (año 53)
España en Metáfora
              
El recreo había comenzado y cada uno buscaba a sus compañeros de juego. Yo aún no los tenía, de modo que me acerqué con timidez al moro, con la intención de preguntarle por lo que le había dicho el Pájaro. Estaba con Felipe y con Rey contando las balas que había en la caja de lata, y no me atreví a preguntar nada. Pero se me ocurrió decirles:
                              —¿Vamos a explotarlas?
                              A todos se les iluminó la cara y preguntaron al unísono:
                              —¿Cómo?
                              La soledad con la que sobrellevaba el primer día de internado y la timidez con la que me había manifestado desaparecierón de mi estado de ánimo, y enseguida contesté:
                              —Enterramos la bala y, sobre su mixto, ponemos una puntilla. Después cogemos un peñón y nos subimos, para protegernos, en la tapia que linda con el manicomio, y lo dejamos caer sobre la cabeza del clavo. La puntilla machaca al mixto y la bala explota, por lo que el balín penetrará en la tierra húmeda y no hará daño a nadie.
                              —¡De acuerdo! —respondieron todos a la vez.
                              —¡Sé dónde hay una tabla con puntillas! —dijo el moro.
                              Felipe nos dio tres de sus balas y cada uno hizo explosionar la suya. En cada lance, apretábamos los dientes con el corazón encogido, y las balas, una a una, fueron soltando su mortífera carga de plomo sin causar daño a nadie.
                              Don Justino —el capellán— sacó de entre la sotana la pelota y la pasó a otro de su equipo, para hacer la pared que evitara a la defensa contraria. Pero allí estaba el hábil Tití que la interceptó. La pisó y, sobre ella, giró en un ángulo suficiente como para esquivar a don Justino que, ante su fracaso, la perseguía. Cuando Amaro le había ya burlado, centró el balón a un compañero que sólo tuvo que empujarla para dar con ella en la puerta de hierro que hacía de portería. Los que contemplaban el partidillo de fútbol aplaudieron a rabiar, no por el gol, sino porque don Justino no se había salido con la suya. Lo consideraban un tramposo y no por lo sermones, sino porque escondía la pelota y la verdad bajo la sotana. Le gustaba vivir y se delataba cuando miraba con deseo concupiscente a las sirvientas del comedor, sobre todo a la gobernanta. Ya durante la misa nos lo había dejado dicho:
                              —¡Haced lo que os digo y no lo que hago, porque yo también soy pecador!
                              Mientras los equipillos se reorganizaban para sacar de nuevo la pelota, Rey le contó a Amaro lo de las balas, contestándole rápido para que le dejara en paz:
                              —¡Sí, sí, sois cojonudos!
                              Amaro sudaba y, mientras jadeaba, el aliento le emanaba por la boca en forma de vapor; en ese momento sólo le interesaba vigilar a don Justino, que era el peligroso del equipo contrario.

                              Los vascos jugaban al frontón con las durísimas pelotas que se confeccionaban liando hilo de algodón alrededor de una pequeña piedra heñida por las aguas que, cuando alcanzaba el tamaño adecuado, forraban con esparadrapo de la enfermería; los de Castilla jugaban a la taba y el que hacía de rey se comportaba a través del verdugo peor que el Pájaro; los andaluces y extremeños conquistaban con el hinco de hierro la isla que se les ocurría trazar en la arena. Cada vez que lo lanzaban contra la tierra y lo clavaban en el suelo, dibujaban el desplazamiento de su barco, que unas veces era cuadrado, otras en triángulo y otras en forma de pez. Y así, durante los recreos, el esplendoroso patio representaba la amable convivencia entre todas las nacionalidades que los Reyes Católicos lograron unificar bajo su yugo y sus flechas, y que lindaba al norte con el manicomio, al sur con la casa de putas de Villa Rosa, al oeste con el propietario de la fábrica Viguetas Castilla y al este con la capilla de la Iglesia. Cuando el timbre sonó, se desvaneció el encanto de los juegos y del patio, donde se fraguaban los sueños de la vigilia con los que se soportaban los días del interminable internado de una España sin definir.
Fotografía de J. Luis Hidalgo
La trilla

     El cansancio del día ocasionaba largos silencios y sólo el rumor de las hojas de los olivos se hacía oír, cuando la brisa de la tarde azotaba el campo. Las nubecillas ocultaban de vez en cuando a la luna menguante y al lucero del alba que la acompaña. Envuelto en la manta, contemplé el firmamento durante toda la noche y sólo a ratos dormitaba. Los demás luceros y el camino de Santiago, junto a las constelaciones de las osas, parecían fulgurar por última vez, y el cielo adquiría una profundidad que hacía intuir un infinito inobservable y maravilloso. José yacía roncando a mi lado, y con la manta cuartelera se había enroscó a la escopeta de dos cañones. Su compañía me llenaba de confianza y los temores que llegaban del firmamento sólo me ocasionaban un placer extraño.
            Las bestias, cansadas de tirar del trillo, babeaban espuma y, en las últimas vueltas, el grano asomó tímidamente de entre la paja. Yo, de pie y agarrado a la cintura de José, sentía el temblor de la circular carrera en mi aturdido cerebro y, embriagado, pedí más velocidad. Los sacos de trigo se iban llenando con la fanega, los celemines y los cuartillos. José, mojando la punta del lápiz con la lengua teñida de azul, apuntaba la cantidad en un papel de estraza amarillo.
            —¡A la paz de Dios! 
            Esto sonó como un trallazo y todos cesamos nuestras faenas: José dejó de arrastrar sacos, el Zambo soltó el escobón, María salió de la casa y la vieja paró de quitar chinchorros al perro, a mi madre se le cayó al suelo la aguja de croché y yo solté las tomizas con las que ataba los sacos. Todas las miradas se dirigieron al camino donde comienza la era. A media voz, a José se le escapó el saludo:
            —Buenas tardes.
            Una pareja de la Guardia Civil, como siameses, con el tricornio asentado en la cabeza hasta la sien, y los avisperos al hombro apuntando al cielo, introducían el dedo pulgar entre la correa del subfusil y la axila y, sobre el brazo libre, colgaba un pesado capote; los últimos rayos de sol acordonaban con aura dorada toda la obediencia incondicional que les habían inculcado. Anduvieron unos pasos y sus rostros impenetrables comenzaron a distinguirse:
            —Tú, larguirucho, saca unas sillas y el botijo, que vamos a descansar un rato —exigió uno, y se sentó en el muro que separa la era del olivar.
            El otro se acomodó en la silla, cerca de la puerta y, mientras contaba unas balas, interrogó:
            —Tú te llamas José y tu mujer María, ¿es así?
            —Sí señor. Para servir en lo que guste.
            —Y eres de Moclín, ¿verdad?
            A José se le puso la cara del color de la cera y observé cómo le temblaban las manos. Mi madre se levantó de la silla y me tomó de su mano que también le temblaba. El guardia que estaba sentado sobre el muro y no se perdía un detalle, montó el arma y la acarició sobre su regazo, como una madre hace con el hijo.
            —Sí, somos de Moclín.
            —Y tienes un hermano que desapareció al final de la guerra, ¿no?
            —Sí —contestó José a secas.
            El guardia terminó de contar los cinco cartuchos y, con parsimonia, los iba introduciendo en el cargador:
            —¿Te acuerdas de un vecino tuyo que respondía por Fito? ¿Cuánto tiempo hace que no lo ves? —concluyó de meter las balas y se puso en pie.
            María agarró del brazo a José y se quedó a su lado totalmente intimidada; él, tras poner la mano sobre el hombro de María:
            —Tenía más o menos catorce años la última vez que lo vi. Me dirigía a la feria con mi padre.
            María, haciendo pucheros, se aferró a José fuertemente; temía por un fatal desenlace. El guardia, de un tirón, la apartó de él, y alzó la cabeza para mirar a José a los ojos:
            —¡Responderás ante la autoridad competente por el asesinato de Fito! —y le cerró las esposas.

            La vieja, mi madre y María lloraban y yo, indignado, ayudaba al Zambo a recoger los enseres de la trilla. Por el camino que parte de la era perdimos de vista a José, escoltado por dos seres tan simétricos que hasta sus capas se mecían al unisono. 


A la hora señalada por los relojes al unísono, comenzamos a saltar la tapia de uno en uno, con el mayor sigilo po­sible y, cuando el taxi arrancó, nos pareció que dejá­bamos atrás todo un futuro posible; la vigilancia era estrecha y cabía alguna posibilidad de que un inci­dente delatara nuestra ausencia. Aun así, la marcha del taxi parecía lenta para nuestro propósito de bai­lar, por encima de todo, con las amigas de Morera que nos esperaban en su casa.
            La puerta del piso se abrió y Morera nos recibió, como a compañeros escapados de un campo de concentración que él conocía bien, y nos hizo pasar al salón. Un calorcillo de bienestar nos invadió los sen­tidos, mientras las tenues luces indirectas dejaban intuir, entre sofás y espléndidos cojines dorados, las siluetas soñadas durante las noches de los prece­dentes días. El silencio producido hizo que nos mirásemos unos a otros, y cada cual evaluó sus posibilidades. El contraste entre la elegancia de los vestidos de ellas con nuestros deteriorados y malolientes uniformes de sarga gris era tan brusco, que intuí que nos echarían a la calle de inmediato. Pero no les importó. Sonaba con fuerza el tema What`d I Say, de Ray Charles y algunas de ellas se lanzaron a bailar, con un ritmo desmesurado y sensual, aquellas notas vibrantes y entrecortadas de unas vocales que se expandían sueltas y armoniosas por el ambiente de la sala, mientras nosotros las recogíamos como un deseo a conseguir. Las formas de la chica se escapa­ban de entre nuestros brazos como el agua de las palmas de las manos al enjuagarlas. Transpuestos por los sensuales sentimientos, volvíamos a recobrar la esperanza de tocarlas en la nueva repetición de la rima; y así, una y otra vez, hasta que sonó la hora de partida. Fueron dos horas intensas, durante las cuales se habilitó la posibilidad de alcanzar un cielo en la tierra del destierro: ellas, de militares fornidos y nosotros, de sutilezas femeninas.

            La operación de regreso fue un éxito y, sin incidente, nos sentamos en la capilla para la letanía del santo rosario que, en esta ocasión, se fue desgra­nando para varias vírgenes, jóvenes y bellas; su­pongo. Fue mi caso.



Feminidad política


Hace meses que no escribo, aunque las ideas llegan con nitidez, repetitivas  y desesperanzadoras; los argumentos también lo hacen, diáfanos y contundentes: incontestables, pero el pulso lánguido no retuerce la pluma inerte con la fuerza necesaria para doblegar la hoja en blanco y pergeñar algo sinceramente alentador. Cuanto concibo es lo que otros perciben y publican, dando cuenta de una execrable realidad que nos quieren adjudicar los profusos informantes mediáticos y sólo la intuición me libra de cuanto dicen, por lo que mi realidad es más la de una España intuida que la de la profanada  que divulgan. Por ello, barrunto que la política se ha "feminizado", es mas de bonos que de balas y la crueldad que genera también es más sutil; los muertos no sangran, vomitan. Los territorios no se conquistan se esclavizan y lo que antes era por huevos ahora es por ovarios. Los americanos mandan cohetes y los alemanes bonos de deuda y, ya hay brotes verdes, pronto terminará esta guerra civil europea y de ahí saldrá nuestra nueva soberanía. Solo son intuiciones.


¿Qué amor?

Te sientes estúpidamente romántico y tomas el lápiz, el lápiz, con un sentir difuso raspea el papel. Mientras, la imaginación profundizaba en los recuerdos que la vida ha sedimentado en la memoria, no sabiendo bien si como realidad o ficción deseada; lo cierto es que se te antoja pensar que tanto el amor como la honradez  o cualquier otro “principio activo” para vivir están sujetos a los cambios que la experiencia dicta para modelar el ser que somos, cambios que te van ayudando a construir conceptos sobre belleza, gusto, empatía o el sexo; también del amor, la generosidad o el miedo y cuyo magma determina la argamasa de  quienes somos.
            Recuerdas cuando el padre te encerró en la cochinera por jugar en el portón a los médicos con las amiguillas de comba, descubriendo el sexo o cuando te castigó por olvidar en las paramos  la sillita azul de mimbre de tu hermano porque Isabelita te embriago con aquellos ojos azules que hacían juego con el vestido, descubriendo la belleza. En ese tiempo la conquista de la feminidad se traducía en destrozos de ventanas, puñetazos determinantes o secos saltos inimitables para los demás niños y mostrar así tus mejores cualidades. Aunque el rol del sexo está ya patente en la existencia, lo que en esa temprana edad verdaderamente remueve el ánimo para la conquista femenina, no es otra cosa, que la armonía de la belleza y debió tener su culmen en un vestido suelto, blanco y rayado de rojo que proponía en bordado sobre el pecho, J.L y el amor, desde este preciso momento, toma categoría de  nombre propio para trenzar con lo platónico; dura años, hasta que el ideal enlaza  las manos alargadas, suaves y delicadamente blancas que te hacen caminar decenas de kilómetros hasta encontrar la hospitalidad de su casa de verano donde renuncias para siempre del conejo con tomate. Desde entonces profesas amor al encanto que no siempre se materializa; comienzas a entender que sin la libertad con que ella se maneja no habrá  amor, y con estos parámetros de sexo, encanto y libertad que cada una de ellas fue aportado, caminas  arrastrándote por  las aguas revueltas de los sentimientos amorosos, hasta que la necesidad imperiosa de practicarlo empuja al error de tomar el remanso de la ley y el orden, donde la estabilidad que la mujer proporciona se va dilapidando y diluyendo en un anarquismo egocéntrico y el amor, ahora, rebaña en lo lúdico hasta extenuar la entrega que los egoísmos consumen y aniquilan, dando paso al último estertor del sentimiento que ya pudiera albergar los antídotos de las causas que fueran destrozando la sincera búsqueda del motor que inventas para vivir: belleza, empatía, entrega y libertad y este amor que en la virtualidad fermenta no será otro que el de otra mujer situada  al final de la esperanza, aguardando con la guadaña para llevarte al Cosmos del Amor sin respuesta, que incondicionalmente ella te profesa y entrega.

 AMOR
Sexo envuelto en negra esclavitud impuesta.
Romántico sentimiento de temprana herencia
Que perdido en el tiempo no da respuesta.
Centro de la existencia confusa y extraña,
balsa para la agreste e inevitable travesía,
que siempre está al final de la esperanza.
Cuando se da, pronto en el anhelo se esfuma
 y  la dulce felicidad, trotando, escapa.
 En la rueda de la vida da rápidas vueltas
esperando la fuerza centrípeta y misteriosa
que en tierra fértil lo deposite.
Sólo el sol radiante  y la humedad necesita
para germinar con ímpetu y tierna tesura.
¡Amor, amor¡
Meconio de vasto efecto, que transportas
a la  relajada placidez, sin saber por qué.
Y cuando consumes el fruto maduro de su flor
Disipa  la pétrea realidad y en la balsa

te arrulla para poder flotar y navegar.


Los intelectuales

Sentemos y partamos de que no soy de esa apreciada “raza”. Si acaso, un día entendí algo de las Matemáticas y, a modo de presentación, diré que mi abuelo fue buen zapatero y mi padre mejor militar sin academia y que la política no me gusta, pero la necesito entender como vía para alcanzar la felicidad en la sociedad humana que se debate por su existencia en el proceloso y desregulado mar de la vida. Por tanto, lo político, el político sin propiciar ese atisvo de felicidad para soportar la vida no son nadie y, en este sentido, con sus maléficas vicisitudes, ZP intentó ser político aunque los intelectuales le denostaran, vapulearan y ridiculizaran. Hoy, otra vez, están en la palestra forzando y zarandeando a Podemos, que quizás yo ni les vote, pero tienen temperamento, tienen proposiciones y suya es la transversalidad y la participación ciudadana en la política que busca felicidad a través de conseguir la plenitud de los Derechos Humanos y se les debe respeto; desde el ser al estar, desde el individuo a sus circulos y desde la inacción a su ejercicio.  Como se puede comprender, dada las vivencias políticas de esta época, ni la metodología, ni los objetivos que  mueven a los de Podemos tienen que ver con los que caracteriza a los partidos políticos de la cajonera de siglas que pretenden llegar a la Moncloa. Como dice Monedero: “no se puede mezclar el agua con el aceite”; con lo que los intelectuales vuelven a confundirnos al pedir la fusión de siglas. Deben elevarse sobre la realidad para llegar a lo abstracto del concepto político actual, que es muy sencillo: no hay política, la política ha dejado de existir, al menos en Europa. Sólo hay una batalla más cruenta aún que las sanguinarias guerras por lo sofisticado del continuo sufrimiento que produce el firme pisoteo de los Derechos Humanos que hoy practican la política y los políticos.

Si los intelectuales quieren la fusión de siglas que vayan a la transversalidad, renuncien a su ego, potencien a Podemos y arreglen los muchos defectos que éstos tienen, pero guerreen sin discusión por los Derechos Humanos, que es lo que se pisotea en esta Derrota Cívica.



La barbarie de la doma


Otra vez desde la intuición, otra vez intentando adivinar para prevenir lo que se nos avecina y, otra vez mirando en el espejo del sur, en particular en Grecia, que se empeña en ser dueña de su destino en una Europa pretendida por la democracia y a la que ellos mismos dieron nombre.  El espejo me devolvió imágenes en forma de documental, donde un amante de los animales procuraba que entendiésemos qué metodología emplean los salvajes domadores para adiéstralos y amaestrarlos con fines egoístamente espurios. Nos explicaba que para conseguir los objetivos de la doma, era fundamental romperlos; romperles el alma - puntualizaba - y para ello, los desubican de su habitas, los someten a ayunos prolongados segregados de su prole y congéneres y finalmente, con cruentos castigos, doblegan los instintos naturales hasta conseguir que prevalezca la voluntad del domador de turno. Sin salvar muchas distancias, todo me supo ha vivido  por los humanos y en este caso y ahora por los europeos, en particular, por las gentes  del sur: nos desubican con desahucios, paro y emigración; desarraigándonos del status de bienestar conseguido y con el dolor de no posibilitar un futuro para los descendientes. Si con la merma de los salario nos abocan, a pesar de trabajar, al umbral de la pobreza y al ayuno prolongado, con las leyes de mordaza nos someten para auspiciar el detrimento de derechos conseguidos y así nos van “rompiendo”, rompiendo el alma, hasta el extremo de que después de robarnos les seguimos votado, sin duda han conseguido una buena doma de antídoto controlado por la educación que proporcionan, evitando la generación de los necesarios e indomables “antisistema” y potenciando lo que de animal tenemos. Animales sí, pero sin doma.


     Mi preceptor

     Cuando María, al salir, cerró la puerta de la calle, mi madre entró en la salita con la mirada perdida, enrojecida y envuelta en sus perennes ojeras azuladas. Mientras miraba a mi madre llenar la nueva maleta de rafia con la ropa recién planchada y la pluma Pelikan, mi pensamiento la iba completando con la carga más pesada: la injusticia de un sistema que, por su fortaleza, parecía pétreo; la sexualidad manipulada por el Nacional-Catolicismo; un amor hacia la patria falseado; y unas ilusiones que la Guardia Civil se encargaba de controlar. Pero lo que más me apesadumbraba era el miedo a emprender una nueva vida, envuelta en las tinieblas de un Régimen asesino y represor, que inducía horror en el psiquismo de los individuos, como un cuerpo extraño, y que se manifestaba y expresaba en el gesto, la mirada, la palabra; unas veces, como un síntoma físico y otras, como una huella anclada en el carácter de una personalidad debilitada por el padecimiento interno. Inconsciente, mi madre, del valor de cuanto guardaba, cerró la maleta de rafia y en ella cupieron los rescoldos de muchas hogueras, aún candentes, que algún día pudieran volver a flamear aunque solo sea en un poema:
   
  Mi  Preceptor

Golpe a golpe, tu timidez me embarga.
Hora a hora, tus leyes me aturullan.
Día a día, tu  mandato me intimida.
Siempre al alba, ya agotado, descanso.
Con saña me persigues
cuando respiro en el Guadarrama,
cuando camino por  los montes,
cuando beso a mi amada.
Hablo con el amigo y en su aliento
te respiro.
Escribo al hermano y en su respuesta
te percibo.
Cocino las viandas y, alimentándome,
enfermo.
Y si abrazo a mi madre,
siento su temor en el cuerpo,
porque ella me conoce y sabe
que tú,  Franco,  fuiste mi preceptor.
No soy yo, soy tú, que sólo  en la noche
de ti me evado.


Y cuando las sanguijuelas políticas reconozcan estos daños a los vivos, que no reparación ya imposible, aceptare cualquier tipo de pacto de gobierno. 

Hoy, educación

Fray Liberto no sabe cómo antropólogo, ni analista, ni político, ni ni-ni. Solo jubilado, mediatizado por una información interesada y manipuladora, se aferra a los hechos y la intuición como herramientas de buceo en la realidad y con el sedimento que algunas lecturas dejan en el acervo del conocimiento, se lanza a la tarea de contestar ¿Esto qué es? .
Hoy ha reflexionado sobre Educación porque ayer, desde su jubilación, disfrutó del XXV aniversario del IB Ciudad Jardín de Sevilla, donde ejerció durante sus trece últimos  años de docencia. El evento, que trascurrió dentro de un marco estrictamente académico, sin apenas alumnos, sin apenas profesores y con la manifiesta ausencia de padres, fue amenizado por un cuarteto de prometedores jóvenes violinistas. Los directivos que cubrieron la época, comandados por el que en la actualidad rige, fueron desgranando entre exquisitas notas de violín algunas  anécdotas y vicisitudes de las etapas por las que pasó el Centro y entre las que se narraron,  destacaría dos que llamaron  la atención porque no solo obviaron el fondo de cuestión, sino que recordaron, de alguna manera, las interacciones sociales en las que se debatió la esencia de la finalidad educativa. Una, la que se refirió al insulso y actual nombre del Centro que vulgarmente es conocido por  El Matadero debido a su  original  función. En las propuestas que hubo para referencial al alumnado figuraba la de Salvador Tabora nacido en el Cerro del Águila donde se ubica el centro y por sus relaciones con  la Cuadra y su sustrato político filocomunista se deshecho, junto a otras de índole similar y así prevaleció el inane  Ciudad Jardín. La otra cuestión, fue el nombramiento sin elecciones del director José  Viñuela, hoy recordado por su buen hacer y su enfermedad terminal. Este caso, también merece un comentario, pues sin elección no fue nombrado. Los nombramientos los hacia la Administración oído el claustro, si la propuesta era asumida por mayoría absoluta la hacían efectiva. En este tiempo de principio de siglo ya tenía fuerza la necesidad de implicar a los padres en la educación de los hijos y se hablaba, la idea aún estaba lejos de una realidad operativa, de institucionalizarla por medios aun indefinidos y en fase de debate; los alumnos planteaban problemas de convivencia y rendimiento que debían de atenderse imperiosamente y a Fray Liberto le pareció interesante proponer su alternativa y pergeñó un programa donde se arbitraba un “aula” para padres, autogestionada y con apoyo sicológico. A duras penas, también encontró un equipo directivo para gestionar la propuesta y gano la consulta en claustro por mayoría simple. La papeleta pasó a la Administración que convocó una reunión  con todos los profesores del centro que cumplieran la normativa para ser directores. En ella, y en renglón a parte, la inspectora, se ofreció aceptar el nombramiento de la propuesta si se accedía a sustituir el secretario y Fray Liberto no aceptó; el dedo señaló a  Viñuelas,  pero hubo elecciones. En el bullir educativo se cocía entorno al alumno y en ésta efemérides, por supuesto, solo tocaban el violín.
Del ágape qué decir, triste y encarecido, solo agradable por el encuentro de generaciones docentes que comentaban vicisitudes de los tiempos presentes y anteriores mezclados entre afectos y surgió lo de los programas que casi nuca se completaban y pasaban al capítulo de deficiencias para el año siguiente. Los nuevos profesores, con ironía, puntualizaban de qué programación habláis, si hoy entre que se sientan y se callan solo da tiempo a decir “hasta mañana” y así sucesivamente. Para que haya programas finalizados es preciso más y mejores recursos humanos y financieros y eché de menos aquel “aula” que en décadas anteriores se proponía. A la vez, se comentaba con los nuevos profesores las diferencias estructurales de la educación donde siempre estará presente una patente tensión entre el estamento educativo y la Administración; los primeros enfocan los objetivos en función de  una formación integral del individuo, mientras la administración está interesada reproducir e inculcar los valores de la sociedad que la sustenta. En este punto, vino a la memoria otra efemérides, aquella en la que un ministro del Sistema Dias Ambrona pretencia asistir a un centenario salesiano en Utrera, sin visitar centros públicos. Nos pareció  inadecuada su actitud, eran tiempos de controversia entre Enseñanza pública o privada y nuestro claustro decidió forzar, mediante huelgas, la  visita del prócer al I.B  Ruiz de Gijón de Utrera. Juan Salinero ante las amenazas de huelga que recibía opto por consentir la visita del ministro a nuestro centro. Pretendía el Delegado de Educación: boato, banderitas y ágape y se lo concedimos, como boato se le tenía preparado un plano del centro donde se podía observar que la fachada principal  daba al patio donde los residuos de candelas eran patente y la fachada de la espalda del edificio asomaba su  herrumbre a la calle principal, un despropósito constructivo y así sigue. Las banderitas se le pusieron cuando intencionadamente entro en una clase de dibujo, pues el trabajo del diario no se suspendió con la vita y el ministro dialogó con algún alumno sobres cuestiones culturales; el jefe de estudios le mostró la matriz sociométrica del grupo y las estadística de los intereses culturales de los alumnos, cuyo cuestionario rellenaron durante el primer mes del curso y respecto al ágape que habían solicitado, el ministro tomo su café en la barra del bar del centro amenizado por los representantes de la asociación de padres.
No había terminado el curso y los patios estaban arreglados,  los laboratorios dotados, la secretaria con recursos y el Delegado de Educación, Juan  Salinero, cesado porque no pudo deshacer el entuerto de la construcción del edificio y no se dejó de oír aquel halago que hizo el Gobernador Civil mientras caminaba tras el ministro junto a Pepe Dorado, Alcalde de Utrera y el Delegado de Educación: ¡Quien es ese  hijo de puta que va con el ministro!

Como se puede comprender la cara y la cruz de la lucha por la Educación ha pasado de ser reivindicaciones externas y materiales a las más difíciles e interiorizadas del hoy por  conseguir  que al alumno se interese por su propia educación, donde le acecha un barbecho de intereses sesgados alejados del individuo y lo social. Con tres millones de parados que por su educación hay que recuperar para hoy y no para mañana.


Un resumen

Dentro de la batalla financiera que nos aflige, según manual militar, estamos sufriendo la fase de "explotación del éxito" que culminará el 24 de mayo, donde esperan  ganar unas elecciones, el PP y Ciutadans, por su honradez férrea que propagan a los cuatro vientos y el éxito financiero-económico auspiciado por intereses negativos para nuestra deuda ¡Ole! la Merkel, pero no ocurrirá por cuanto sabemos de las restantes fases de la batalla: aproximación, combate, éxito y   explotación del éxito.
No se olvida la crispación y sarta de mentiras que llevamos asumiendo, en particular, en las comunidades del Este, en esa fase de aproximación tan lejana ya en el tiempo. Menos aún, las victimas del combate: paro sin par, desahucios, pobreza juvenil, suicidios y corruptelas incontables por su cantidad y calidad. Tampoco obviamos su éxito porque es muy difícil asumir el lema de la recuperación económica cuando el paro se extiende sin paliativos, por el entramado social en aras de una productividad y competitividad engañosa con disminución de los derechos ciudadanos, denigración de sueldos y sustanciales recortes donde más duele, Educación, Sanidad e Innovación con  Justicia sesgada y leyes de protección para las fortunas de dudosa legitimidad y fiscalidad equitativa. No, no tragamos el éxito que pregonan y menos si repasamos la fase de la explotación del éxito, entonces el escandalo ya se nos torna vomitivo por la tomadura de pelo que supone. Esa deuda que nos asignan cuando no teníamos casi ninguna, la hacen fluctuar en crecimiento con intereses cambiantes lejos de lo estructural, para conseguir reformas de derechos sociales que rentabilicen sus patrimonios hasta  alcanzar la valoración deseada. Después desactivan los intereses de la deuda y, propagandísticamente, alcanzan tantos por cientos negativos ¡Hasta no pagan por pedirla! ¡Serán indeseables! Han trasmutado las antiguas balas en euros y sin sacar, aún, los tanques no van sesgando las vidas por dejarlas sin futuro y consustanciando inmigración de talentos que rentabilizan las otras economías del neoliberalismo. La verdad, los peperos son dioses menores con privilegios que le consentimos por nuestra iniquidad o quién sabe por qué.
            Zapatero, sin consultar, se doblegó ante la Merkel y pasado el tiempo comenzó el verdadero baile, después de los primeros compases, Rajoy tomó la batuta y la orquesta estabilizó los hedores de la miseria para ya en la calma chicha completar su éxito en las próximas elecciones a la municipalidad y al Gobierno, la otras son menores. Claro, que esto ocurrirá, si no rentabilizamos los vómitos  y nauseas que nos produce el excelentísimo caro Rato.