General Castaños


Embajador


      Ya escribí alguna reflexión sobre la Palabra, sobre la Gramática, sobre la Indignación… y hoy  me invitan a ser embajador de la palabra. Deprisa y corriendo, metiendo en el bolsillo la inmerecida deferencia, les contesté:

      “La fuerza de la palabra me impresiona más que la de las balas que aborrezco por inútiles y deshumanizadas, sin embargo la utilizo y casi siempre con rabia, cuando por las venas, como diría R. Alberti, me recorre la indignación de los atropellos que bañan al Mundo de la justicia, del sentido común y la generosidad. Por ello, no me siento embajador de la misma, pues por ella sólo debería significarse y esparcir el amor y la comprensión. Aun así me pongo a vuestra disposición“.

      A renglón seguido, tomo el teclado para desahogar la impotencia que me producen  los cantamañanas de los analistas que exigen al reo como respuesta un sí o un no sin paliativos a las preguntas insidiosas, preparadas por quien les da de comer para condenar antes de que la valoración de la respuesta pudiera hacerse; desenfocan los asuntos denigrando al periodismo y en esta ocasión el asunto de Podemos. Podremos estar o no de acuerdo con su estrategia de elevar la democracia transversal y participativa a la categoría de Cultura, pero no respetarlos con calumnias e improperios implica una falta del sentir democrático y de respeto a la ciudadanía que se enmarca en la categoría del Fascismo, donde se manifiestan los genes primitivos heredados de los saurios de cuando fuimos reptiles, son manifestaciones, que utilizando sus propios soportes ideológicos, ya, ellos mismos, los exponen: cuando cambian del plato de lentejas por una primogenitura, cuando pretenden sacrificar al hijo para adular o asesinan al hermano para tomar su heredad. A caso los de Podemos son sus hijos, son sus hermanos.. no, son sólo congéneres que hay que ejecutar porque pretenden tener los mismos derechos y oportunidades de vivir que los que les calumnian y denigran, sea PP, PSOE, o el Sursum Corda: En el fondo, solo son asesinos indiscriminados del pensamiento y el libre albedrío y desde siempre lo fueron. Y les recuerdo las escrituras, Jacob, Abel, Abraham… los espejos donde se miran. Así, no quiero ser embajador de la palabra.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.
Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

0 COMENTARIOS: