virus ébola, foto de 20 minutos


La importación de ébola

Por fin me pude sentar a leer, emborronar cuartillas o vomitar los sentimientos que indujeron los sentidos, tan primitivos ellos, que por inconfesables los tengo. Me avergüenzan, porque parecen pertenecer a un verdadero ogro enfurecido. No salen bucólicos ni liricos los textos, ni de amor, ni de amistad, ni de valor que merezca la pena contar. Sin solución de continuidad, se van directos a cuestiones de política, único instrumento que pudiera curar, con la paz, esta vorágine que nos insulta como seres humanos; ahora de ébola, ayer y hoy de estafa, y siempre de mentiras y falsos debates con lo que consiguen, no sólo ocultar la verdad, si no también lo que importa o la responsabilidad de quien con su gobierno absolutista nos atropella a diario con decretos, leyes u otras indocumentadas decisiones y contagian a la ciudadanía de un individualismo pertinaz, de una intransigencia inasumible, de peticiones irracionales que hasta al seno del Ejército llegan, donde ya se habla de ébola como arma de guerra o simplemente: exigen que desinfecten el  parque que osó pisar el pobre perro de quien lucha en la más absoluta soledad, a vida o muerte, por su salud en un hospital  antes emblemático y ahora de dudosa capacidad. Más concretamente cuando el tándem Mato-Rajoy, prisioneros de su chulesca mentalidad, presionados por sectas religiosas deciden “importar de África el virus ébola a Europa” para sanar a un religioso y fracasan, pues el infectado muere tras contagiar al personal sanitario o no. El sistema propagandístico mediático se ceba con nuestra percepción de las responsabilidades, infundiendo la autoría del contagio a la propia enfermera, al perro que convivía con su familia, que masacraron sin darle la oportunidad del aislamiento, o al traje inadecuado que se utilizó para atender al religioso ocasionando una tragedia aun inacabada. Con todo ello, montan debates para crear un magma de confusión; se discuten sobre errores, medicinas inanes o protocolos inadecuados, pero nunca de quien tiene la responsabilidad de importar a una  Europa sin experiencia en dicho virus, cuando la experiencia está donde se combate a diario, con mayor o menor éxito y desde  décadas atrás. Hay médicos europeos que allá trabajan, y chamanes con conocimientos naturales aquí desconocidos, pero la arrogancia no les ha consentido ni contrastar, ni siquiera consultar.
Y de la derrota, porque ya hay muertes que contabilizar, de esta importación de virus no es de nadie más que del Gobierno y si cabe también de Bruselas que no se lo impidió, como impide lo que les interesa, como pueda ser no dar el dinero al gobierno al uno por ciento y si a los bancos para que lo privado gane el seis por ciento traspasandolo al Estado.

Es la mentalidad de esta gente que nos gobierna; ya aquí, ya en Europa, la que expande el virus de la miseria física y psíquica que nos atemoriza. Ahora toca enriquecer farmacéuticas. Debieron dejar in situ al ébola y exportar los medios médicos.



Ahora, ébola
Ya sé por qué aguantamos las siete plagas que han  generado con radicalidad las políticas ineptas del Partido Popular, quienes beben  de las fuentes del “FAES” de donde emana inexorablemente  la ineptitud por antonomasia. Cuando debieron llevar a  puerto el barco averiado para acotar consecuencias, lo dejarón a la deriva y a  merced de la poderosa naturaleza provocando un desastre ecológico. Cuando un tsunami de salud,  el ébola, provocado  por dudosas circunstancias, se propaga desde África con mortales efectos para las poblaciones lo importan, cuando lo que debieron hacer es enviar  al origen los medios médicos para combatirlo y  ayudar a solucionar el problema. Si hablamos de economía, la ya pétrea crisis, provocada por un sistema financiero auspiciado por la política que en vez de rescatar al ciudadano, que con sustanciosos impuestos los alimentan, muerden la mano  benefactora sumiéndoles en una miseria inmerecida y sobre la abandonada ciudadanía propician las siete plagas:
El Engaño mediático, el Robo institucionalizado, el Paro deshumanizado, la Educación segada para  intereses espurios, la Justicia impertérrita para su salvaguarda, la Anestesia policial para control de la libertad de expresión y para colmo, ahora, la Salud, ya pauperizada, la sumergen en un probable colapso de amenazante  muerte que ira  tiñendo el Nilo de rojo.
 Para salvarnos de este apocalipsis que nos enreda esperamos con paciencia benedictina  un Moisés, cuando lo que necesitamos es un Atila que lance las urnas sobre Roma y sus patricios. Mientras, aguantaremos por una debilidad de nuestro carácter, ocasionada por el sufrimiento interno como los psiquiatras diagnostican, y que se fue esculpiendo con maza y bedano a lo largo de la historia por dictadores de aluvión o absolutistas monarcas de mentalidad "inversa" a los intereses  de la Ciudadanía.
 Caudal   de simientes sagradas
orillas de ibis  y palmeras verdes,
que la vieja historia engendras
dando vida a tus gentiles gentes.
               
En falúas doradas  navegamos
con  amores de míticos leones 
camino de los excelsos tálamos
donde  se alumbran  faraones.

Río verde, de esperanza verde
que la breve existencia divide
entre oriente y  occidente.

En tu Este las oscuras tumbas
y los templos de luz  al Oeste.
Para  Norte, tu divina corriente.

Y aquí la peste.






Los Gallos
Junto al canto del gallo que anuncia el nuevo día, me vino a la memoria la pregunta que una compañera de Facebook había propuesto a la comunidad:   ¿Por qué tanta corrupción consentida y aceptada en las urnas? Y como, para mí, ya la tenía por añeja comencé a recordar.
Ese individuo, Vallejo-Nájera, jefe de los servicios psiquiátricos de Franco y aprendiz de brujo con los nazis alemanes, fue el inspirador del psiquismo "franquista" que da lugar a lo atado y bien atado, insuflando en la población, mediante la educación Nacional-Católica y en colaboración con la Iglesia,  unas característica determinantes para el buen funcionamiento de la dictadura y que por sintetizar explícito en el siguiente entrecomillado literario:
"Cuando María, al salir, cerró la puerta de la calle, Rocío entró en la salita con la mirada perdida, enrojecida y envuelta en sus perennes ojeras azuladas. Mientras miraba a mi madre llenar la nueva maleta de rafia con la ropa recién planchada y la pluma Pelikan, mi pensamiento la iba completando con la carga más pesada: la injusticia de un sistema que, por su fortaleza, parecía pétreo; la sexualidad manipulada por el Nacional-Catolicismo; un amor hacia la patria falseado; y unas ilusiones que la Guardia Civil se encargaba de controlar. Pero lo que más me apesadumbraba era el miedo a emprender una nueva vida, envuelta en las tinieblas de un Régimen asesino y represor, que inducía horror en el psiquismo de los individuos, como un cuerpo extraño, y que se manifestaba y expresaba en el gesto, la mirada, la palabra; unas veces, como un síntoma físico y otras, como una huella anclada en el carácter de una personalidad debilitada por el padecimiento interno. Inconsciente, mi madre, del valor de cuanto guardaba, cerró la maleta de rafia y en ella cupieron los rescoldos de muchas hogueras, aún candentes, que algún día pudieran volver a flamear".

Y hoy flamean y planean en las conductas o por las explicaciones que pretenden dar respuesta a este “por qué” de cuanta corrupción aflora en la información que nos llega o en la justificación de  las nuevas “nominaciones de imputados” a cargos de responsabilidad, que ya a muchos, hasta les parece normal y las cacarean como gallos.