¡Qué güeno!

“Qué güeno” es la expresión que se canta en las rifas-subastas de mi pueblo cuando a alguien que ha pujado se le adjudica el regalo que algún donante ofreció a la Hermandad para los gastos o caridades programadas. Y con esta algarabía en la cabeza desayuné, mientras el periodista anunciaba a bombo y platillo la dimisión del incompetente ministro de Justicia del incompetente y Excmo. Sr.  Rajoy, a la sazón, presidente de la poderosa jerarquía de la estructura de gobierno y partido que padecemos con estoicismo. Y exclamé: ¿Qué güeno! Por fin se manifiesta el Principio de Incompetencia, mal llamado de Peter, pues según algunas fuentes el primero en hacer referencia a este concepto fue José Ortega y Gasset, quien en la década de 1910 dio forma al siguiente aforismo: "Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes".
Como corolario de su famoso principio, Laurence J. Peter afirma que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, tal que cuando no pueden formular ni siquiera los objetivos de un trabajo, alcanzan su máximo nivel de incompetencia, deduciéndose los dos siguientes:
-          Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
-          El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.

Así pues: ¡Qué güeno¡ Ya hemos recaudado la suficiente incompetencia en la actual subasta política como para sufragar y librarnos, al menos, del deterioro de derechos que la mujer en particular soporta y, no cupiéndome la menor duda, de que son los efectos de las plazas del 15 M o de Podemos los que provocan  los cambios en la corrupta estructura del poder político-financiero, por ello hoy siento el clamor de: ¡Qué güeno! ¡Podemos! ¡Albricias para Todos!

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