Sin Palabras

Si no supiera de nada que feliz fuera, y entiendo aunque no comparta la pregunta, cuando en ocasiones me decían: los libros ¿para qué? Sé por ellos de nuestra desdicha, sé por ellos de otras vidas posibles, y por ellos sé que pudiera existir la justicia y arrinconar la caridad en la que progresamos, la miseria. Y también por ellos sé que nos engañan, haciendo fluir por las venas la rabia de la palabra y que el poeta nos canta:

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre 
se escucha que transita solamente la rabia, 
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio 
y en las médulas arde continua la venganza, 
las palabras entonces no sirven: son palabras.
Balas. Balas.

Si no supiera de nada que feliz fuera. También con los bytes los poderosos engañan, justifican con ellos sus aúreos caprichos que a fuego las leyes en piedra gravan, y por ellas escurren el sudor de las almas que en paraisos opacos guardan, argumentando que Dios les manda, y con las almas domeñadas del susurro del poeta pasan:

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos, 
humaredas perdidas, neblinas estampadas. 
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento, 
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
Balas. Balas.

. Si no supiera nada de nada hoy no tendría retorcida el alma. Pero lo sé, en mi pueblo adoptivo la guadaña de la miseria se llevó a una familia completa y, de paso por éstas tierras, la necrófíla carroza cargó a la hija de un amigo sin tener que haber llegado su hora y, ya sin remedio, asumo las palabras del poeta, mientras el estribillo se esculpe en la naturaleza de piedra que sujeta los instintos y la verdad miserable que nos acorrala.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste, 
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta 
cuando desde el abismo de su idioma quisiera 
gritar lo que no puede por imposible, y calla.
Balas. Balas.
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.
                                                                          (Rafael Alberti)
                                                                       

1 COMENTARIOS:

Antonio Aguilera dijo...

He sentido escalofríos. Qué hondo paralelismo (que se hunde en la carne hasta encontrarse) existe entre las tragedias que cuentas y el poema de Alberti