El joven

            El joven, con la preocupación en los ojos, miraba el móvil con displicencia, parecía no escuchar mi diatriba política de calmada dicción; iba degranando causas y efectos de la crisis que nos acongoja. Observé que la desesperanza se instalaba en su ánimo y derive los argumentos para poder concretar algún rayo de ilusión para el futuro.
            Con el pulgar encallecido y agilidad de circo, tecleaba en el teléfono un email, mientras intentaba explicar sintéticamente que, de las diferentes maneras de salir de esta obscenidad financiera que hoy vivimos; hay dos posturas contrapuestas. En el fondo, se trata de conseguir competitividad a base de mejorar la  productividad, y una de las maneras, es a través del trabajo basura; horarios indecentes, mal remunerado e inestable para alcanzar un pobreza controlada y la otra, por lo contrario, con la inversión en la calidad, la innovación y desarrollo: trabajo creativo y horarios a adecuados a las exigencias personales. Ahora, con los neoliberales en el poder europeo donde hemos depositado parte de nuestra soberanía, estamos inmersos en la primera opción y el futuro que se induce es miserable; la alucinación de un porvenir acorde con los sentimientos que alumbra la cultura actual sobre la dignidad humana y la solidaridad pudiera brotar de la segunda alternativa, que nos lleva, incluso, a desear que esta gobernanza triunfe y consiga una miseria sin paro para que, al menos, el sacrificio que la gente hace de no rebelarse sirva para algo y se rentabilice este quinquenio desgraciado al que estamos sosteniendo.
             Si estos corruptos señores pierden las próximas elecciones europeas, nuestra cedida soberanía a las instituciones, pudiera hacer  transitar la política hacia la segunda opción de la productividad: de futuro digno para la ciudadanía y, como puedes intuir, solo depende de nuestra intención y participación democrática.
             Mi hijo dejo de teclear y espetó: cuando me reconviertan en parado, emigro. Este país no lo aguanto.
             Un murmullo ardiente acudió a  mi cerebro mientras recordaba los avisperos de la guardia civil vigilando mis diatribas en los recónditos habitáculos de las escuelas rurales; pero hoy, ya sin mortíferos avisperos, me siento igual de amenazado desde la vigilancia que soporto del Sistema financiero. Hemos progresado, lentamente nos exterminan arruinando la vida y le comprendí.

            

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