De aquí: mañana
            No sabe, ni como antropólogo, ni analista, ni político, ni ni-ni. Solo jubilado, mediatizado por una información interesada y manipuladora, que  se aferra a los hechos y la intuición como herramientas de buceo en la realidad. Y con el sedimento que algunas lecturas dejan en el acervo del conocimiento, se lanza a la tarea de contestar ¿Esto qué es? A veces, lo ve tan sencillo y esquemático que se siente estupido ante la complejidad del razonamiento de otros; sobre todo, en  los  temas relacionados con la existencia, convivencia o bienestar humano.
            Los humanos desde que pavonearon el torso y dejaron de aporrearlo, anduvieron millones de kilómetros para domesticar el planeta, hasta lograr organizarse bajo estructuras sociales que  evolucionan parejas al conocimiento y al desarrollo  tecnológico de cada instante histórico: La horda, el  clan, las tribus, naciones e imperios. Ahora, que el dominio de la tecnología digital toma carácter y el individuo, como tal, es parte activa en la gestión, junto al sencillo tratamiento actual de la cantidad ingente de datos e información que se produce, hace que la organización social humana tome aspectos no enunciados que mañana comprenderemos con mas exactitud; pero en el momento actual provoca la Crisis de desarrollo: impredecible por la novedad y complejidad con que se manifiesta; el individuo con un potencial cultural, antes inexistente, y con la posesión del conocimiento digital, actuará en orden a los valores que porte y no en base a los intereses de los grupos mediáticos. En esta lucha de miedos atávicos enfrentados, que ya no es de pólvora, la educación en valores, será la que incline la balaza del lado de los miedos a perder el poder de los grupos mediáticos o  del miedo a que se volatilicen las conquistas sociales o la libertad conseguida por los pueblos; de aquí, la irascible  e intensa manipulación que padecemos, de aquí el deterioro educativo que se favorece, de aquí los sustitutos de los gladiadores de las plusvalías, de aquí el hambre para el sometimiento, de aquí los recortes de cuanta sustancias sociales se necesitan para la libertad. De aquí la necesidad de acción para evitar las dependencias de la actuación de los grupos mediáticos; de aquí el futuro del bienestar. La guerra de los miedos sigue su curso y en el fragor de estas batallas se cuece nuestro próximo destino, que no es otro que libertad o esclavitud. Elegir, aún, podemos y depende de nosotros mismos, depende de la utilización que hagamos del conocimiento y las herramientas de que disponemos para la globalización que se asienta como nueva era; como antes hiciéramos con el fuego la cerámica, la agricultura o la palabra, la escritura, el sonido y  la imagen. De aquí: mañana.



De A. Ortiz Gacto



Violencia de Género


Conocí una pareja de  inmigrantes que vivían en la España de la Literatura. Él era poeta  y también pintaba lo que podía; consideraba en su cachet, la amistad con los grandes: Borges, García Márquez, Carpentier…y ella, de más humildad, trabajaba la crítica literaria y las clases de español/inglés: ejercía, una cosa u otra, según oportunidad. También, alguien haciendo de mecenas les ayudaba a vivir; les cedía gratuitamente una vivienda y de, algún modo,  en  días de penuria, les pasaba dinero o favorecía, con su gestión, las iniciativas del matrimonio. De esta forma, las  copas de sus vidas fueron adquiriendo  los ricos y gratificantes aromas que la amistad  y la feliz convivencia procuran en los amores maduros.
Pasado un tiempo, el país comenzó a padecer las consecuencias económicas de la globalización de la estafa al por mayor y  los buenos efluvios de las copas comenzaron a dejar de inhalarse porque ella, más practica y trabajadora que él, daba más rendimiento a los bienes gananciales y, con ello, hirió el orgullo del macho que comenzó a dictar limitaciones: en el dormitorio no se fuma y ella lo justificaba; es que tiene asma. Mas tarde, suprimió de la dieta los dulces  y después dejaron de pasear porque tenia dolores de lumbago; a cada limitación que imponía – como si de un derecho irrenunciable se tratara- , ella, alienada por amor, se imponía una nueva obligación; con lo que las antiguas fragancias se transformaron en hedores. El mecenas y los coadyuvantes —para que la situación  no se deteriorara más— idearon poner en marcha un taller literario muy especial: los asistentes daban unas cantidades para sufragar una comida al mes y el reto seria para emolumento de ella que, a cambio, haría una critica literaria y biográfica de un autor escogido, seguido de un debate. Tal éxito tuvo el experimento, que incendio, aún más, el insensato orgullo que ya se padecía y un día de taller —cuando el poeta ya había conseguido una paga del Estado no contributiva—, que se estudiaba: Platero y yo, el burrito de algodón, tierno y sin huesos, soltó la coz:
-         Señores, no habrá mas talleres.
Las gentes que ella ilustraba una vez al mes, sin comprender lo que se había espetado, e indignadas por el menoscabo hecho al derecho al trabajo y dignidad de ella, dejaron de asistir a las convocatorias del taller y la magnanimidad del mecenas, también, quebró. Pero lo peor fue que con las copas rotas,  los deliciosos caldos de la convivencia quedaron arruinados y por los suelos.
 Amigos míos: no hay mayor violencia de género que la sutileza de no dejar vivir el día a día.