Ulises
           
            Me miré al espejo cuando en la mañana me levante y, como todas las mañanas, exhasalé un suspiro al día, agradeciendo lo que dió ayer y emprendí la marchar por el angosto camino que me ofrecíeron las primeras horas. El espejo reflejó recuerdos muy profundos y no pude rechazar la oferta mirandome la punta de la nariz en cuyo momento el cerebro reverbera cambiando imágenes y pensamientos y hube de repasar la vida que dicurre por el país. Cuando el nacimiento, me libré del rapto para pasar a otra familia no biológica; los controladores y distribuidores de la “natalidad”: médicos, monjas y comadronas, redimieron de su parental familia a más de trescientos mil infantes. Después, recordé que la educación cayó bajo los auspicios del Nacional - Catolicismo y los controladores de la educación secuestraron la posibilidad de una libre-enseñanza, pero me libré de ser uno de los docemil que nutrieron la red de hospicios, familias del régimen o del Auxilio – Social, los que después, no sin sacrificio y dolor, tuvieron que superar esa educación tan deprimente y cruel. Bajando la escalera, tropecé con los controladores de la paz que dejaron en las cunetas cientos de miles de cadáveres y nos obligaron a practicar durante la milicía con los mismo fusiles que causaron tantas desgracias a las familias. Los Objetores de Conciencia que se negaron a ello, fueron discriminados en sus trabajos o dieron con sus huesos en la cárcel.
            Cuando llegue a la cocina y aún no había dado el primer sorbo al café, mi mujer espetó, cansada de mis macuyaciones: deja los muertos en las cunetas que a lo mejor les gusta reposar junto a los compañeros que defendieron una misma ideología. Elevad las cunetas a monumento nacional llenandolas de jardines con muchas flores. Cuando termine el café no deje de darle un punto de razón y mi mente, aún sorprendida por la observación que me hiciera, estaba ya celebrando el trabajo que me había proporcionado el sustento diario y cuando detuve la mirada en sus mágicos ojos, sentí de nuevo la pesadumbre de los controladores de salarios, que enajenaron para si, con intereses usureros en los prestamos e hipoteca, la mayor parte de la  pecunia  y todo  para suplir el derecho universal a la vivienda, plasmado ahora en la Constitución y antes en el Fuero de los Españoles; cayendo  en esta injusticia millones de ciudadanos. Agotado de asumir tanta sumisión a los controladores, me senté para beber los últimos posos de café que al pasar por la garganta amargó, no sólo el aliento, sino también las entendederas: no entendía que los controladores financieros cayeran sobre la jubilación como una jauría sedienta de plata y cuanto se ahorró, con engaños sostenidos por las alcantarillas de la legalidad, lo rapiñaron; sin considerar que, con mas trabajo, ya no se podría reponer las perdidas. Bebí un poco de agua para aliviar la sequedad de la boca y me pregunte ¿porqué nos ha pasado todo esto? Y a la memoria vino: ¡Ulises! Ulises le dijo al Cíclope: me llamo, Nadie, como nosotros que al Sistema lo asimilamos con NADIE, y cuando el Ciclope cegado por Ulises, clama ayuda y los compañeros le preguntan: quien fue el que te lastimó y él le responde: fue Nadie, y nadie fué a socorrerle. Así que este pueblo, hoy sumido en la desesperanza, como al Sistema lo identificaron con Nadie, ahora que reclama soluciones no encuentra respuesta, pues cuando le preguntan ¿Quién te afligió?, contesta: NADIE y nadie esta ahí para desmontar tanta injusticia controlada. Por tanto, solo el pueblo y en el pueblo está  el control y la solución, no en los controladores agazapados en palacios e instituciones  viendo como cunde el estigma que pretenden atajar con más control.
             Llamemos a las cosas con un nombre y adjetivos y nunca más gritemos, como Ulises: ¡Fue Nadie!

0 COMENTARIOS: