Ayudando al Ángel de la Guarda, agotado

Camino hay

            Dicen que nos intervienen y nos intervendrán porque no sabemos a donde mirar, no vemos ningún horizonte a donde viajar: el cielo cubierto de nubarrones,  la tierra sedienta de rentabilidad y cuanto se produce y manufactura va menguando; el paro aumenta inexorablemente y los sacrificios impuestos a la gente para paliar esta indecente guerra provocada por los desalmados neoliberalismos, aparte de resultar estériles, minan la carne y el espíritu de las gentes, en particular de los mas desfavorecidos. Si miramos para la Europa que nos ilusionó: hoy nos exprime. Si a los partidos políticos, nos encontramos con otra desilusión acarreada por la corrupción, auque no todos los políticos sean corruptos. Pero lo que vemos con la inmediatez de lo ordinario es como la riqueza futura la están invirtiendo en recapitalizar el sistema financiero corrupto, y no hago excepciones como con los políticos, que nos lleva como sumisas ovejas al redil de La Injusticia donde nos esquilmaran del todo.
¿Para donde mirar, pues? ¿Hacia otra Instituciones que puedan alumbrar soluciones?  ¿La Iglesia Católica? Bien, miremos: sus acólitos están en el Gobierno, al menos sus señorías se ponen la matilla y el escapulario y a diario van a misa y no los excomulgan. ¿Estos, que hacen con la enseñanza de la Encíclicas, enunciadas por los papas infalibles? Recuerdan, estas mantillas, acaso: Mater et magistra: donde Juan XXIII sostiene que una economia justa no sólo depende de la abundancia y distribución de bienes y servicios sino que incluye el papel de la persona humana como sujeto y objeto del bienestar. Propone la cristianización de la familia, la empresa y la sociedad; la vocación de la Iglesia y de cada cristiano es superar la excesiva desigualdad entre los distintos sectores de la sociedad y resistir los procesos económicos y políticos que ponen en peligro la dignidad humana y la libertad. O bien: la encíclica Pacem in Terris donde textualmente se dice:
            Todo ser humano tiene el derecho a la existencia, a la integridad física, a los medios indispensables y suficientes para un nivel de vida digno, especialmente en cuanto se refiere a la alimentación, al vestido, a la habitación, al descanso, a la atención médica, a los servicios sociales necesarios. De aquí el derecho a la seguridad en caso de enfermedad, de invalidez, de viudez, de vejez, de paro, y de cualquier otra eventualidad de pérdida de medios de subsistencia por circunstancias ajenas a su voluntad. No, tampoco se puede mirar para allá, Demasiados traidores a esta doctrina pretenden el cielo comprando a la Iglesia  con miles de millones de euros. Sólo nos queda mirar hacía nuestro interior y rebuscar la honradez que nos quede para coger del brazo al vecino que halla echo esta misma reflexión y tirar para delante en esta Crisis,que camino hay.



El tiempo entre costuras. Por María Dueñas

Mi casa, casa de costureras y zapateros y siempre en tiempos de posguerras y de crueles vientos. Me predispuso para leer: El tiempo entre costuras. Con una redacción correcta y propia para la lectura rápida, lleva con habilidad la zanahoria de la trama, pero deja atrás el dolor de la vida. Deja atrás, el ambiente de los doce batallones de trabajos forzados de Tetuán, de los fusilados en el levantamiento de los traidores y del campo de concentración; aunque proclive a la anglofobia contraria al Régimen, no es una novela que haga reflexionar a los burgueses del daño que hicieron al pueblo, es una novela planeta que nunca llegará a galaxia.
            Recuerda que se cosía en sillas de enea de patas recortadas con jaboncillos y sobre tabla con la oquedad semicircular para albergar el abdomen. Olvida, sin embargo, la incomodidad de la postura para laborar los vestidos que causan graves dolencias de tendinitis, recibiendo a cambio de soportar caprichos y, a veces, humillaciones: un huevo, pan y unos reales como salario. Desde luego las costureras de la época no eran ricas por heredad como las de la trama, ni espías anglófilas de disipada vida con concomitancia con Jefes Militares de alto rango, otro día Ministro de Exteriores, Aunque se llamara J.L Beigberde y fuera denostado por el Cuñadísimo, Serrano Suñer. Para mí el titulo de la novela sobra. Lo que tragó la profesión de costurera a “domicilio” que era lo habitual; no está, ni por asomo, ni tan poco la traición a La República, en este dulce pastelito de novela de posguerra. Lo siento, es lo que he visto.



Ulises
           
            Me miré al espejo cuando en la mañana me levante y, como todas las mañanas, exhasalé un suspiro al día, agradeciendo lo que dió ayer y emprendí la marchar por el angosto camino que me ofrecíeron las primeras horas. El espejo reflejó recuerdos muy profundos y no pude rechazar la oferta mirandome la punta de la nariz en cuyo momento el cerebro reverbera cambiando imágenes y pensamientos y hube de repasar la vida que dicurre por el país. Cuando el nacimiento, me libré del rapto para pasar a otra familia no biológica; los controladores y distribuidores de la “natalidad”: médicos, monjas y comadronas, redimieron de su parental familia a más de trescientos mil infantes. Después, recordé que la educación cayó bajo los auspicios del Nacional - Catolicismo y los controladores de la educación secuestraron la posibilidad de una libre-enseñanza, pero me libré de ser uno de los docemil que nutrieron la red de hospicios, familias del régimen o del Auxilio – Social, los que después, no sin sacrificio y dolor, tuvieron que superar esa educación tan deprimente y cruel. Bajando la escalera, tropecé con los controladores de la paz que dejaron en las cunetas cientos de miles de cadáveres y nos obligaron a practicar durante la milicía con los mismo fusiles que causaron tantas desgracias a las familias. Los Objetores de Conciencia que se negaron a ello, fueron discriminados en sus trabajos o dieron con sus huesos en la cárcel.
            Cuando llegue a la cocina y aún no había dado el primer sorbo al café, mi mujer espetó, cansada de mis macuyaciones: deja los muertos en las cunetas que a lo mejor les gusta reposar junto a los compañeros que defendieron una misma ideología. Elevad las cunetas a monumento nacional llenandolas de jardines con muchas flores. Cuando termine el café no deje de darle un punto de razón y mi mente, aún sorprendida por la observación que me hiciera, estaba ya celebrando el trabajo que me había proporcionado el sustento diario y cuando detuve la mirada en sus mágicos ojos, sentí de nuevo la pesadumbre de los controladores de salarios, que enajenaron para si, con intereses usureros en los prestamos e hipoteca, la mayor parte de la  pecunia  y todo  para suplir el derecho universal a la vivienda, plasmado ahora en la Constitución y antes en el Fuero de los Españoles; cayendo  en esta injusticia millones de ciudadanos. Agotado de asumir tanta sumisión a los controladores, me senté para beber los últimos posos de café que al pasar por la garganta amargó, no sólo el aliento, sino también las entendederas: no entendía que los controladores financieros cayeran sobre la jubilación como una jauría sedienta de plata y cuanto se ahorró, con engaños sostenidos por las alcantarillas de la legalidad, lo rapiñaron; sin considerar que, con mas trabajo, ya no se podría reponer las perdidas. Bebí un poco de agua para aliviar la sequedad de la boca y me pregunte ¿porqué nos ha pasado todo esto? Y a la memoria vino: ¡Ulises! Ulises le dijo al Cíclope: me llamo, Nadie, como nosotros que al Sistema lo asimilamos con NADIE, y cuando el Ciclope cegado por Ulises, clama ayuda y los compañeros le preguntan: quien fue el que te lastimó y él le responde: fue Nadie, y nadie fué a socorrerle. Así que este pueblo, hoy sumido en la desesperanza, como al Sistema lo identificaron con Nadie, ahora que reclama soluciones no encuentra respuesta, pues cuando le preguntan ¿Quién te afligió?, contesta: NADIE y nadie esta ahí para desmontar tanta injusticia controlada. Por tanto, solo el pueblo y en el pueblo está  el control y la solución, no en los controladores agazapados en palacios e instituciones  viendo como cunde el estigma que pretenden atajar con más control.
             Llamemos a las cosas con un nombre y adjetivos y nunca más gritemos, como Ulises: ¡Fue Nadie!



                                             El español incógnito

  Aznar debió aprender de mi pueblo. En mi pueblo, la gente de su ralea desmontaba tejados de edificios para, más tarde, declarar su estado de ruina y darle la finalidad que sus áureos caprichos requerían. Trasladando el invento a la España  del PP con Aznar como bodoque en la sombra, ya desmontaron el tejado con su política de obstrucción y derribo,  haciendo ver goteras imaginarias o exagerando las que hay; van camino de declarar el estado de ruina  para terminar después medrando lo que quede del estado de bienestar. Son carroñeros de baja estopa. Ya lo han demostrado en algunas Autonomías. Las pertinaces sequías ya no valen y han evolucionado.
            Ayer vivíamos con las alcantarillas financieras que se han llevado por adelante las ilusiones y el ahorro de muchísimos  años de honrados trabajos y en épocas de la vida en la que, por falta de energía, es ya imposible atajar con más trabajo la angustiosa vicisitud de verse sin recursos en plena jubilación.
            Hoy convivimos con el copago: una pensión de un enfermo mental, huérfano, y sin protección de la ley de dependencia de 345 euros al mes, debe pagar por sus medicamentos 8 euros. Casi el tres por ciento.
            Mañana viviremos: Ya CORONADOS con el laurel de Europa, la subida del IVA  y estas mismas gentes pagaran  más, por lo mismo o por menos de lo que hoy  consumen. Serán, por tanto, agasajados por nuestros gobiernos con más zarzas en la densidad de su sufrida corona.
            Mientras tanto: los mineros que gestionan sus vidas a la luz de los carburos, caminan como murciélagos desorientados por  la luz del día  hacía un varapalo y dirán que por ser violentos. Por el contrario,  los imputados por estafas, al socaire de la Justicia, por tres euros, defectos de forma o porque los plazos de actuación de la justicia expiraron, se libran de los encarcelamiento y de la devolución de lo esquilmado; lo han venido haciendo impunemente durante decenas de años y, con su garduña en candelero, nosotros seguimos socializando sus perdidas y, restaurado el equilibrio de las cuentas,  les devolvemos el negocio  con la garduña consolidada.
             No se ve remedio a la situación que vivimos mientras no salga de la cómoda madriguera el español incógnito. Sin duda, gusta la corona de espina para nosotros y para ellos, la gloriosa del laurel. INJUSTO.