EL alcanfor


¡Uf! Que mañana. Me contaron las cosas de la noche y la vida se echo encima. Cuando oído lo que oí, mire el entorno y vi un país con Vida que unos venden y otros compran, ya valores, ya derechos, ya pócimas, ya bienes, ya….ya.. Y así hasta el infinito.
             Era corriente escuchar  “esto lo guardo para mañana”, ya fueran sentimientos, inquietudes o valores éticos o mercantiles y se aceptaba el sacrificio con la naturalidad de lo ordinario; si la decisión tomada evitaba vivir algo, la renuncia se guardaba en el arca de la generosidad o de la menzquidad, según del lado que se estuviera y las causas de lo canceres sin nombre se multiplicaban. Las herencias, llenas de reivindicaciones egoístas, se eternizaban. La intransigencia social, impidia la formación de nuevos estilos de familia. La inmutabilidad de los principios, encorsetaban el crecimiento personal. Vivir: era un trabajo más.
            Ahora, mucho,  de algo de todo esto, ha cambiado. La gente casi no hereda, los bienes se ponen al servicio de cada quien. Los del sur suben con cargas insoportables y casan con nativos a los que dan salida de su mundo insufrible, auque después, resuelto el porvenir, algunos, los abandonaran, no sin dejarles futuro que no tenían. Otros, ya desahuciados por la edad o las enfermedades, conviven con jóvenes cortos devenires acordados: “lo que dure duró” y viven; compran  y venden y, para ellos, se destapa el arca de la intransigencia, fluyendo la vida con todo su esplendor: padecimientos, frustraciones, pasiones y placeres se amalgaman par construir vidas que de otra forma habrían estado abocadas al silencio del autoexterminio.
            El país rebosa salud. La vida se va ajustando a la Vida y con el arca de la intimidad abierta,  los vapores sublimados del alcanfor  que la  eternidad del  conservadurismo rancio fue almacenándose en ella e impidiendo  el ser, se van disolviendo en el tiempo y el espacio para obviar su maléfico influjo y permitir el advenimiento de futuros antes inalcanzables. Ajustándose la vida a la realidad de la compraventa que se esta haciendo con el país, cuyas consecuencias están por ver y que, sin duda, no estará asfixiada por la atmósfera de alcanfor. Aunque suponga derribo y construcción, confío en la liberación del  padecimiento de la secular intransigencia del alcanfor y fluirá el futuro para resolver este atavismo que hoy nos sutura al pasado, impidiendo la Vida.
 Cosa así me contaron en la mañana de anoche: ¡a vivir sin alcanfor¡
  


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