LA DIGNIDAD DEL MENDIGO


Los tiempos de bonanza ya pasaron y no pienso escribir ni hablar más de ellos. Estamos entrando en la era de la mendicidad: Rajoy pidiendo clemencia a los mercados; Andalucía con alianzas, para gestionar lo mejor posible la miseria; la locomotora de nuestra economía, País Vasco y Cataluña, echas polvo y la banca en bancarrota. El tempos de los dimes y diretes en las tabernas, bares y redes sociales ya pasó; es la hora de aportar soluciones para dignificar en lo posible la miseria que hemos de gestionar en el próximo quinquenio y dar soluciones a los problemas que tenemos. No podemos ver, sentados, cómo se queman generaciones en la hoguera de los brazos cruzados. No podemos consentir la alocada carrera hacia la miseria de nuestros niños. No podemos consentir la derrota de nuestras vidas y ofrecer la rendición incondicional al neoliberalismo sin luchar y sin proponer remedios que  palíen y dignifiquen la mendicidad que se acerca.
De todos son conocidas las responsabilidades en la situación que nos ocupa. En primer lugar, la nuestra: consumidores compulsivos que abandonamos los limites del gasto y recorrimos la alegría del consumismo: coches, segundas residencias, viajes, colegios de pago... Segundo, los gobiernos: que, con la información exhaustiva que tienen del ciudadano y las entidades, no supieron ver la crisis que acarrearía las burbujas  y el consumo desaforado;cuando, por el contrario, saben elaborar calendarios y estrictas planificaciones de agenda en cuyo contenido  indican el día exacto que el sistema comenzará a crecer o el tanto por ciento de parados que tendremos el día de mañana.¿Esto qué es? Y la tercera: responsabilidades que competen por entero al sistema financiero que, por  una avaricia enloquecida, marketizó la banca, abandonando sus obligaciones ciudadanas, creando y potenciando necesidades de felicidades injustas e innecesarias para obtener beneficios desmedidos, hasta lograr que los perros se ataran con longanizas.
 ¿A dónde vamos?  ¿Qué hacemos con las causas de la crisis para evitar peores efectos de lo que ya padecemos, sobretodo la pérdida de generaciones enteras que arderán en la hoguera de los brazos cruzados? Pagar. Y este inevitable sacrificio es el que hay que gestionar bien para evitar la oscuridad de la miseria en cuyo arcón se guardan los desacuerdos para habilitar la convivencia.
 Para el pago de la deuda y, sobre todo de la interna, que es la que más preocupa, dejad que la administremos nosotros mismos. Ustedes, el gobierno, los bancos, etc...., ya tuvieron su oportunidad de gestionarla. Ahora en aras de la libertad sólo apoyen las medidas que cada cual considere para el pago de sus compromisos económicos, y obliguen a la banca  a aceptar los acuerdos que proponga cada ciudadano afectado —que pudieran estar refrendados por la inspección de hacienda—, evitaríamos muchos desahucios e impagos y posibilitaríamos mejorar los recursos familiares para atender a los hijos en su educación, salud y bienestar; obliguen a la dación hipotecaria; obliguen a aceptar moratorias que faciliten otros posibles pagos y por el tiempo que presumiblemente dure este estado de excepción provocado por la sucia guerra económica que ya han perdido. ¡Despierten, coño y dignifiquen al mendigo aunque siempre gane Alemania¡

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