El viejo de nácar

El viejo, desde joven, y de vez en cuando, abría la espita de la libertad y cerraba alguna   puerta.  Un día de amor acerrojó una para quedar reverberando en su interior  disfrutando  lances maravillosos que el ritmo browniano de los sentimientos le demandaba, aunque supusiera esfuerzo y sacrificio. Pasado el tiempo, en un momento de inteligencia observo -por la intensidad de los rozamientos-  que la energía se agotaba y  el baile del romanticismo   daba sus últimos estertores en un universo ya inmerso en la entropía irreversible; a la vez, que los sentimientos del amor se sedimentaban, cada cual, en su estantería abrió  de nuevo la espita.
Le anunciaban  abuelidad y cada vez que se lo recordaban era como si al barro impoluto de un jarrón le asestaran una pincelada de húmedo pigmento y unas veces era  de caolín para simular pureza, otras de cobalto para simular cielos y así durante meses, hasta que el jarrón quedo totalmente pintarrajeado por cromaticos pigmentos, figurando un nuevo paisaje para el viajero de vida agotada. Un día, justo el de su onomástica, le avisaron: ¡Mateo está aquí! La noticia sonó como el cierre de una férrea puerta de horno que contuviera el jarrón pintarrajeado. Cuando, llorando, tomó al niño en brazos y la manita aferro el dedo del viejo para llevarlo a su boca y poder comprenderlo, fue cuando el horno de la existencia alcanzó lo grados térmicos que hacen cristalizar los pigmentos. Con tonos nacarados apareció sobre el viejo un cielo perturbador con nubes de presagios  áureos y prometedores que quedaron  incrustados como nácares indelebles en la naturaleza del nuevo abuelo.
Callado el día, en los silencios de la noche, imaginaba el futuro que la puerta cerrada había abierto y solo deseaba girar la llave que la parsimonia de los sentimientos amorosos había cerrado. Mateo esta aquí y por el tiempo que el destino determine – se decia él- tendrá abuelo con una vida de ilusión rebosante y abierta porque este nuevo amor parental dará la nueva vida que quiere compartir en paz.








De aquí: mañana
            No sabe, ni como antropólogo, ni analista, ni político, ni ni-ni. Solo jubilado, mediatizado por una información interesada y manipuladora, que  se aferra a los hechos y la intuición como herramientas de buceo en la realidad. Y con el sedimento que algunas lecturas dejan en el acervo del conocimiento, se lanza a la tarea de contestar ¿Esto qué es? A veces, lo ve tan sencillo y esquemático que se siente estupido ante la complejidad del razonamiento de otros; sobre todo, en  los  temas relacionados con la existencia, convivencia o bienestar humano.
            Los humanos desde que pavonearon el torso y dejaron de aporrearlo, anduvieron millones de kilómetros para domesticar el planeta, hasta lograr organizarse bajo estructuras sociales que  evolucionan parejas al conocimiento y al desarrollo  tecnológico de cada instante histórico: La horda, el  clan, las tribus, naciones e imperios. Ahora, que el dominio de la tecnología digital toma carácter y el individuo, como tal, es parte activa en la gestión, junto al sencillo tratamiento actual de la cantidad ingente de datos e información que se produce, hace que la organización social humana tome aspectos no enunciados que mañana comprenderemos con mas exactitud; pero en el momento actual provoca la Crisis de desarrollo: impredecible por la novedad y complejidad con que se manifiesta; el individuo con un potencial cultural, antes inexistente, y con la posesión del conocimiento digital, actuará en orden a los valores que porte y no en base a los intereses de los grupos mediáticos. En esta lucha de miedos atávicos enfrentados, que ya no es de pólvora, la educación en valores, será la que incline la balaza del lado de los miedos a perder el poder de los grupos mediáticos o  del miedo a que se volatilicen las conquistas sociales o la libertad conseguida por los pueblos; de aquí, la irascible  e intensa manipulación que padecemos, de aquí el deterioro educativo que se favorece, de aquí los sustitutos de los gladiadores de las plusvalías, de aquí el hambre para el sometimiento, de aquí los recortes de cuanta sustancias sociales se necesitan para la libertad. De aquí la necesidad de acción para evitar las dependencias de la actuación de los grupos mediáticos; de aquí el futuro del bienestar. La guerra de los miedos sigue su curso y en el fragor de estas batallas se cuece nuestro próximo destino, que no es otro que libertad o esclavitud. Elegir, aún, podemos y depende de nosotros mismos, depende de la utilización que hagamos del conocimiento y las herramientas de que disponemos para la globalización que se asienta como nueva era; como antes hiciéramos con el fuego la cerámica, la agricultura o la palabra, la escritura, el sonido y  la imagen. De aquí: mañana.



De A. Ortiz Gacto



Violencia de Género


Conocí una pareja de  inmigrantes que vivían en la España de la Literatura. Él era poeta  y también pintaba lo que podía; consideraba en su cachet, la amistad con los grandes: Borges, García Márquez, Carpentier…y ella, de más humildad, trabajaba la crítica literaria y las clases de español/inglés: ejercía, una cosa u otra, según oportunidad. También, alguien haciendo de mecenas les ayudaba a vivir; les cedía gratuitamente una vivienda y de, algún modo,  en  días de penuria, les pasaba dinero o favorecía, con su gestión, las iniciativas del matrimonio. De esta forma, las  copas de sus vidas fueron adquiriendo  los ricos y gratificantes aromas que la amistad  y la feliz convivencia procuran en los amores maduros.
Pasado un tiempo, el país comenzó a padecer las consecuencias económicas de la globalización de la estafa al por mayor y  los buenos efluvios de las copas comenzaron a dejar de inhalarse porque ella, más practica y trabajadora que él, daba más rendimiento a los bienes gananciales y, con ello, hirió el orgullo del macho que comenzó a dictar limitaciones: en el dormitorio no se fuma y ella lo justificaba; es que tiene asma. Mas tarde, suprimió de la dieta los dulces  y después dejaron de pasear porque tenia dolores de lumbago; a cada limitación que imponía – como si de un derecho irrenunciable se tratara- , ella, alienada por amor, se imponía una nueva obligación; con lo que las antiguas fragancias se transformaron en hedores. El mecenas y los coadyuvantes —para que la situación  no se deteriorara más— idearon poner en marcha un taller literario muy especial: los asistentes daban unas cantidades para sufragar una comida al mes y el reto seria para emolumento de ella que, a cambio, haría una critica literaria y biográfica de un autor escogido, seguido de un debate. Tal éxito tuvo el experimento, que incendio, aún más, el insensato orgullo que ya se padecía y un día de taller —cuando el poeta ya había conseguido una paga del Estado no contributiva—, que se estudiaba: Platero y yo, el burrito de algodón, tierno y sin huesos, soltó la coz:
-         Señores, no habrá mas talleres.
Las gentes que ella ilustraba una vez al mes, sin comprender lo que se había espetado, e indignadas por el menoscabo hecho al derecho al trabajo y dignidad de ella, dejaron de asistir a las convocatorias del taller y la magnanimidad del mecenas, también, quebró. Pero lo peor fue que con las copas rotas,  los deliciosos caldos de la convivencia quedaron arruinados y por los suelos.
 Amigos míos: no hay mayor violencia de género que la sutileza de no dejar vivir el día a día.  



Foto tomada del Semanario Adarve.



Allí no estaré

            Allí no estaré. Ya estoy jubilado y esquilmado por el sistema y sé que estoy en ningún lado, pero allí donde la violencia se manifieste seguro que no estaré; seré su  firme opositor. No nos cansamos de la violencia ni de su espiral sin sentido que sólo nos traslada a mutilar derechos y beneficios que deben derivar de las causas que por ella se revindican. ¿Qué derechos pretenden defender? ¿Qué igualdad de oportunidades? ¿ Qué beneficios se obtendrán de quemar casas en la cobardía de la noche? Ninguno; en ningún caso: ¿Beneficios Ecológicos, quemando la casa por la que se taló el platanero mas emblemático de la Fuente del Rey: el de la verruga  No, el daño ya se hizo y no tiene remedio. Ahora, las leyes que eviten el abuso de poder no salen adelante con la irresponsable práctica incendiaria: Nerón es de otra época. ¿Combatir la dictadura con la quema de la casa de un antiguo edil? No, ya no hay dictadura, solo existe una débil democracia imperfecta y se corrige con los libros, los votos y las protestas civilizadas que nos distingan de los métodos caciquiles que utilizaron y utilizan los intereses espúreos. Más abajo, en la misma calle, ardió la casa de un hacendado. Sí, lo sé, sé que en tiempos intentaron evitar la industrialización de la Comarca. Pero ahora son otros tiempos. La industrialización pasa por iniciativas distintas a las que se practicaron; pasan por la iniciativa de gente emprendedora, por la educación, por la igualdad de oportunidades y por apoyar, con valentía y sin resquemores, esas políticas. Quemar las casa de quienes no lo hicieron no nos llevan  hacia una sociedad mas justa, por el contrario, nos traslada a la oscuridad de las cavernas y, peor, a fundirnos en un todo con la miseria ideológica de aquellos a quien denostamos.
            Hoy duele mi pueblo y con la violencia no estaré. No quiero el terror para mi porque constriñe mi libertad, y no la quiero para nadie.
            Fray Liberto.
             

                                                                         Nuevo


Se habla de nueva Constitución, de federalismo, de cambios en el proceso electoral, se habla de etc.. O nuestro políticos son tontos o nuestros políticos son conscientes de que son políticos y abren procesos que no tienen más salida que definir una nueva forma de entender España y caminar con el nuevo concepto por el S.XXI . Como la tramontana Derecha no deja cauce para los nuevos conceptos de España, los políticos abren nuevos procesos que desemboquen en lo nuevo y entre ellos apunto el de la derrota de ETA, que ya está de acuerdo en lo nuevo y de aquí esta antigua reflexión:

Hoy se ha derrotado a ETA y desde hace tiempo vengo diciendo que no era el problema, aunque lo era. El problema es donde aterriza ETA y ETA ha aterrizado, como no podía ser de otra manera, en la pista del mundo aberzale. Los vascos y muchísimos españoles se han alegrado por la consecuente liberación del pensamiento, hasta ahora secuestrado. La fuerza y la energía que han quedado liberadas del corsé de las pistolas tomarán intensidad y aprovecharán los cauces democráticos a los que tienen derecho y obligación de transitarlos.
            En el mejor de los casos, las energías liberadas se dirigirán hacía el federalismo, que será la meta de muchos más; catalanes, gallegos y de todos lo que sienten a España como un hermoso arabesco de encantados colores – perdón por lo superferolítico - . Lo que queda por andar es tremendo; por lo que supone de nuevo e ilusionante y por lo que conlleva de superación de siglos de Historia – ya se intento hacer en la República- . Ahora, existe una madurez social que quizás permita abordar el escabroso tema y superar conceptos y ambigüedades en la definición de España para avanzar sin temores por el siglo XXI, con democracia, justicia y paz.  Será mañana. Pero la primera piedra ya esta puesta.



El Pórtico de la Herradura


Me gusto el pórtico que simulaba el Cosmos y me acerque hasta el ternero atado al aldabón que como un dragón de Vvaraak guardaba el acceso a los placeres del Edén que supuse en su interior. Cada vez que tiraba de la cuerda para retirar al ternero del portón un sentimiento distinto me embargaba y el obcecado animal de jade más tensaba la cuerda impidiendo el paso. Intuí que algún enigma habría de resolver para que el frágil ternero dejara el paso franco. Le miré a los ojos y la gracia de su feminidad me enterneció. Con una suavidad que nunca antes había experimentado, acaricié su testuz y el  occipital; el ternero lentamente se fue tumbando y la cuerda perdió su tirantez. El portón se abrió de par en par y comencé a recorrer con la mirada los azules difuminados sobre las claveteadas puertas, hasta llegar a los añiles  que se perdían bajo la arabesca arcada blanca de armónicas filigranas; sobre ella, se sostenían los amarillos ardientes de las llamaradas solares haciendo resaltar, en perfecto relieve, aquel Cosmos que me iluminó. Solté las compras sobres las mensúlas laterales de la entrada y, con el firmamento encendido, penetre en el jardín de las huríes envuelto en aromas de jazmín y rumores de presajios hanzios. Al fondo estaban ellas más radiantes que nunca en mi imaginación estuvieran y el cancerbero de frágil jade se levanto tensando de nuevo la cuerda para sellar el acceso al inusitado Eden. 





De vacaciones en Caín

Desde la profundidad de las tonalidades verdes, entre robledales y hayedos salpicados de madroños y avellanos surgían, armónicos y resplandecientes, los blancos Picos de Europa; donde la naturaleza, en armonía insuperable, soporta todos los matices cromáticos, desde los misteriosos verdes de la esperanza hasta la brillantez de lo sencillo y diáfano de los azulados blancos de las nieves perpetuas y el paisaje de contrastes maravillosos se incrusta en el sentimiento con el pavor de lo inconmensurable, pero la curiosidad por lo desconocido pudo con la pesadumbre del animo y el dedo de uno de los viajeros alentado por el compañero se posó sobre Caín, un lugar casi despreciable por su tamaño del abigarrado mapa de Cantabria. El destino se puso en marcha y el coche arrancó en dirección al pueblo seleccionado. Mientras el trabajo del conductor se amontonaba por lo intrincado de la orografía, para soportar el tedio de la marcha la inane conversación recayó sobre el estigma de Caín. Ahora se mencionaba a Abel, mas tarde el plato de lentejas y la progenitura de la heredad y otrora, la quijada del burro con la que Caín asesino al hermano. A medida que se aproximaban las cumbres y el horizonte se expandía, también los diálogos se aproximaban más a lo abstracto y el drama entre hermanos alcanzó categoría mítica; los viajeros llegaron a afirmar que esta desdicha era mas relevante, para el ser humano, que el espelúznate mito de Sísifo donde la pesadumbre gravita sobre la espalda del ser, mientras que la de Caín lo hacia sobre la conciencia y se proyecta en la convivencia y la política, pues la ambición de la primogenitura para doblegar al hermano corre, sin limite, en el neoliberalismo de la Globalización y particularmente en Europa que se corrompe en sus propias entrañas por el ardor de las decisiones neoliberales que toman las Instituciones. El coche con esforzado ronroneo superó la última rampa que desemboca entre tres casas de rocas doloridas por la escasez de argamasa; dejaban entre sí, a modo de placita, sitio suficiente para aparcar el vehiculo, el resto del espacio que configuraban las restantes viviendas era peligroso por su pronunciada inclinación y estrechez.
Para compensar el acongojado ánimo y con la seguridad que proporcionaba la pequeña explanada, los viajeros aspiraron en una ansiosa determinación el fresco y reconfortante aire de la montaña y fue en ese preciso momento en el que el abrupto paisaje penetró verdaderamente en los sentimientos y la realidad del lugar ocupó por completo a los visitantes.
En la casa de enfrente, a la entrada de un soportal, un hombre de edad ya madura y torrado por el duro clima, con  huesudas y pronunciadas manos manejaba con presteza extrañas gurbias y vaciaba con precisión la madera interior de lo que instantes después sería un zueco para andar en tiempos de deshielo y de los travesaños del techo ya pendían algunos pares. Después de remirar la perfección de su obra el artesano saco de una faltrilquera la petaca para liar un cigarrillo y celebrar el trabajo culminado. El mayor de los viajeros, no pudiendo reprimir el deseo de liar y fumar uno, se lo hizo saber al viejo que con gusto compartió el papel de liar y el tabaco; chiscando la mecha para encender el cigarro,  le invito a sentarse en el rudo banco de madera que usaba para tal menester.
¿De donde sois? Y los viajeros, al unísono, contestaron de Sevilla. El viejo que derramaba el humo por los entresijos de las mellas por un instante pareció aterrado y, tras un silencio prometedor, sentenció: también soy de allí. Entre bocanada y bocanada de humo fue desgranando una verdadera historia de separación entre hermanos ocasionada por una guerra civil grotesca donde se redimia una sempiterna primogenitura para monarquías inextinguibles, hurtada por una democracia republicana que no soportaban los militares monárquicos. Hicieron unas fotos al viejo para llevar al hermano, que desde el año 1937 no veía, y regentaba un bar en el pueblo de Alcalá de Guadaíra.
De regreso y, con mayor precaución, para controlar la inercia que provocaba los descensos, fueron  deshaciendo las continuadas rampas camino de la oscuridad de los profundos valles de Cantabria. Los horizontes se estrechaban y  la conversación proponía más silencios de meditación que albricias de viaje. La quijada, ya era máuser. Las lentejas:  ahorros para la senilidad y el asesinato de Abel: el futuro sortilegio de la  rapiña neoliberal qué, como la foto que hicieran que nunca llego a su destinatario, el sortilegio tan poco llegará a albricia por que la Humanidad no tendrá, como la Naturaleza, la cualidad de soportar todos los matices que la integran y de seguro que alguno sobra: El cainismo
Fecha: 21 de agosto 2012.


Pasaron las urnas

Pasaron las urnas de la Constitución Europea por Holanda, Francia,… y se per­dió la Europa de la Constitución. Pasaron las urnas por la Europa del Parlamento y ganaron los Neoliberales; de todos los miembros del Consejo de Europa, solo uno o dos tienen tinte de iz­quierdas y por tanto, cuando algo se vota, el tufo que des­prende es Neoliberal; ya sabemos su consigna:
 1-Libertad de Expresión: para calumniar y mentir.
2.-Libertad Religiosa: para la falsa esperanza.
3.-Libertad respecto de la Necesidad: para comprar y consumir
4.-Libertad del Miedo: para desactivar el libre albedrío.
5.-Libertad para Desposeer: para expoliar.
Dicho esto, no es posible, si respetamos la demo­cracia, cambiar decisiones y bañarlas con el tinte de la iz­quierda. ZP se envolvió en esta maraña tejida en el telar de los neoliberales, y ZP, con el cambio lamen­table de su política, no hizo otra cosa que cumplir con el mandato del Consejo de Europa, de una Europa  que los españoles re­frendaron con sus votos. Si no hubiera seguido el dictado del neoliberal Consejo de Estado Europeo, no sería ZP un demócrata. Zapatero, en este tema, debió refrendar su cambio de política y se equivocó. Yo aguan­tare Neoliberalismo que es lo que toca y toca vivir en el engaño y la expoliación, pero no tomare Parlamento alguno; si acaso, el Banco de España para que los Neoliberales no roben lo que quede del oro de Moscú. 
Ayudando al Ángel de la Guarda, agotado

Camino hay

            Dicen que nos intervienen y nos intervendrán porque no sabemos a donde mirar, no vemos ningún horizonte a donde viajar: el cielo cubierto de nubarrones,  la tierra sedienta de rentabilidad y cuanto se produce y manufactura va menguando; el paro aumenta inexorablemente y los sacrificios impuestos a la gente para paliar esta indecente guerra provocada por los desalmados neoliberalismos, aparte de resultar estériles, minan la carne y el espíritu de las gentes, en particular de los mas desfavorecidos. Si miramos para la Europa que nos ilusionó: hoy nos exprime. Si a los partidos políticos, nos encontramos con otra desilusión acarreada por la corrupción, auque no todos los políticos sean corruptos. Pero lo que vemos con la inmediatez de lo ordinario es como la riqueza futura la están invirtiendo en recapitalizar el sistema financiero corrupto, y no hago excepciones como con los políticos, que nos lleva como sumisas ovejas al redil de La Injusticia donde nos esquilmaran del todo.
¿Para donde mirar, pues? ¿Hacia otra Instituciones que puedan alumbrar soluciones?  ¿La Iglesia Católica? Bien, miremos: sus acólitos están en el Gobierno, al menos sus señorías se ponen la matilla y el escapulario y a diario van a misa y no los excomulgan. ¿Estos, que hacen con la enseñanza de la Encíclicas, enunciadas por los papas infalibles? Recuerdan, estas mantillas, acaso: Mater et magistra: donde Juan XXIII sostiene que una economia justa no sólo depende de la abundancia y distribución de bienes y servicios sino que incluye el papel de la persona humana como sujeto y objeto del bienestar. Propone la cristianización de la familia, la empresa y la sociedad; la vocación de la Iglesia y de cada cristiano es superar la excesiva desigualdad entre los distintos sectores de la sociedad y resistir los procesos económicos y políticos que ponen en peligro la dignidad humana y la libertad. O bien: la encíclica Pacem in Terris donde textualmente se dice:
            Todo ser humano tiene el derecho a la existencia, a la integridad física, a los medios indispensables y suficientes para un nivel de vida digno, especialmente en cuanto se refiere a la alimentación, al vestido, a la habitación, al descanso, a la atención médica, a los servicios sociales necesarios. De aquí el derecho a la seguridad en caso de enfermedad, de invalidez, de viudez, de vejez, de paro, y de cualquier otra eventualidad de pérdida de medios de subsistencia por circunstancias ajenas a su voluntad. No, tampoco se puede mirar para allá, Demasiados traidores a esta doctrina pretenden el cielo comprando a la Iglesia  con miles de millones de euros. Sólo nos queda mirar hacía nuestro interior y rebuscar la honradez que nos quede para coger del brazo al vecino que halla echo esta misma reflexión y tirar para delante en esta Crisis,que camino hay.



El tiempo entre costuras. Por María Dueñas

Mi casa, casa de costureras y zapateros y siempre en tiempos de posguerras y de crueles vientos. Me predispuso para leer: El tiempo entre costuras. Con una redacción correcta y propia para la lectura rápida, lleva con habilidad la zanahoria de la trama, pero deja atrás el dolor de la vida. Deja atrás, el ambiente de los doce batallones de trabajos forzados de Tetuán, de los fusilados en el levantamiento de los traidores y del campo de concentración; aunque proclive a la anglofobia contraria al Régimen, no es una novela que haga reflexionar a los burgueses del daño que hicieron al pueblo, es una novela planeta que nunca llegará a galaxia.
            Recuerda que se cosía en sillas de enea de patas recortadas con jaboncillos y sobre tabla con la oquedad semicircular para albergar el abdomen. Olvida, sin embargo, la incomodidad de la postura para laborar los vestidos que causan graves dolencias de tendinitis, recibiendo a cambio de soportar caprichos y, a veces, humillaciones: un huevo, pan y unos reales como salario. Desde luego las costureras de la época no eran ricas por heredad como las de la trama, ni espías anglófilas de disipada vida con concomitancia con Jefes Militares de alto rango, otro día Ministro de Exteriores, Aunque se llamara J.L Beigberde y fuera denostado por el Cuñadísimo, Serrano Suñer. Para mí el titulo de la novela sobra. Lo que tragó la profesión de costurera a “domicilio” que era lo habitual; no está, ni por asomo, ni tan poco la traición a La República, en este dulce pastelito de novela de posguerra. Lo siento, es lo que he visto.



Ulises
           
            Me miré al espejo cuando en la mañana me levante y, como todas las mañanas, exhasalé un suspiro al día, agradeciendo lo que dió ayer y emprendí la marchar por el angosto camino que me ofrecíeron las primeras horas. El espejo reflejó recuerdos muy profundos y no pude rechazar la oferta mirandome la punta de la nariz en cuyo momento el cerebro reverbera cambiando imágenes y pensamientos y hube de repasar la vida que dicurre por el país. Cuando el nacimiento, me libré del rapto para pasar a otra familia no biológica; los controladores y distribuidores de la “natalidad”: médicos, monjas y comadronas, redimieron de su parental familia a más de trescientos mil infantes. Después, recordé que la educación cayó bajo los auspicios del Nacional - Catolicismo y los controladores de la educación secuestraron la posibilidad de una libre-enseñanza, pero me libré de ser uno de los docemil que nutrieron la red de hospicios, familias del régimen o del Auxilio – Social, los que después, no sin sacrificio y dolor, tuvieron que superar esa educación tan deprimente y cruel. Bajando la escalera, tropecé con los controladores de la paz que dejaron en las cunetas cientos de miles de cadáveres y nos obligaron a practicar durante la milicía con los mismo fusiles que causaron tantas desgracias a las familias. Los Objetores de Conciencia que se negaron a ello, fueron discriminados en sus trabajos o dieron con sus huesos en la cárcel.
            Cuando llegue a la cocina y aún no había dado el primer sorbo al café, mi mujer espetó, cansada de mis macuyaciones: deja los muertos en las cunetas que a lo mejor les gusta reposar junto a los compañeros que defendieron una misma ideología. Elevad las cunetas a monumento nacional llenandolas de jardines con muchas flores. Cuando termine el café no deje de darle un punto de razón y mi mente, aún sorprendida por la observación que me hiciera, estaba ya celebrando el trabajo que me había proporcionado el sustento diario y cuando detuve la mirada en sus mágicos ojos, sentí de nuevo la pesadumbre de los controladores de salarios, que enajenaron para si, con intereses usureros en los prestamos e hipoteca, la mayor parte de la  pecunia  y todo  para suplir el derecho universal a la vivienda, plasmado ahora en la Constitución y antes en el Fuero de los Españoles; cayendo  en esta injusticia millones de ciudadanos. Agotado de asumir tanta sumisión a los controladores, me senté para beber los últimos posos de café que al pasar por la garganta amargó, no sólo el aliento, sino también las entendederas: no entendía que los controladores financieros cayeran sobre la jubilación como una jauría sedienta de plata y cuanto se ahorró, con engaños sostenidos por las alcantarillas de la legalidad, lo rapiñaron; sin considerar que, con mas trabajo, ya no se podría reponer las perdidas. Bebí un poco de agua para aliviar la sequedad de la boca y me pregunte ¿porqué nos ha pasado todo esto? Y a la memoria vino: ¡Ulises! Ulises le dijo al Cíclope: me llamo, Nadie, como nosotros que al Sistema lo asimilamos con NADIE, y cuando el Ciclope cegado por Ulises, clama ayuda y los compañeros le preguntan: quien fue el que te lastimó y él le responde: fue Nadie, y nadie fué a socorrerle. Así que este pueblo, hoy sumido en la desesperanza, como al Sistema lo identificaron con Nadie, ahora que reclama soluciones no encuentra respuesta, pues cuando le preguntan ¿Quién te afligió?, contesta: NADIE y nadie esta ahí para desmontar tanta injusticia controlada. Por tanto, solo el pueblo y en el pueblo está  el control y la solución, no en los controladores agazapados en palacios e instituciones  viendo como cunde el estigma que pretenden atajar con más control.
             Llamemos a las cosas con un nombre y adjetivos y nunca más gritemos, como Ulises: ¡Fue Nadie!



                                             El español incógnito

  Aznar debió aprender de mi pueblo. En mi pueblo, la gente de su ralea desmontaba tejados de edificios para, más tarde, declarar su estado de ruina y darle la finalidad que sus áureos caprichos requerían. Trasladando el invento a la España  del PP con Aznar como bodoque en la sombra, ya desmontaron el tejado con su política de obstrucción y derribo,  haciendo ver goteras imaginarias o exagerando las que hay; van camino de declarar el estado de ruina  para terminar después medrando lo que quede del estado de bienestar. Son carroñeros de baja estopa. Ya lo han demostrado en algunas Autonomías. Las pertinaces sequías ya no valen y han evolucionado.
            Ayer vivíamos con las alcantarillas financieras que se han llevado por adelante las ilusiones y el ahorro de muchísimos  años de honrados trabajos y en épocas de la vida en la que, por falta de energía, es ya imposible atajar con más trabajo la angustiosa vicisitud de verse sin recursos en plena jubilación.
            Hoy convivimos con el copago: una pensión de un enfermo mental, huérfano, y sin protección de la ley de dependencia de 345 euros al mes, debe pagar por sus medicamentos 8 euros. Casi el tres por ciento.
            Mañana viviremos: Ya CORONADOS con el laurel de Europa, la subida del IVA  y estas mismas gentes pagaran  más, por lo mismo o por menos de lo que hoy  consumen. Serán, por tanto, agasajados por nuestros gobiernos con más zarzas en la densidad de su sufrida corona.
            Mientras tanto: los mineros que gestionan sus vidas a la luz de los carburos, caminan como murciélagos desorientados por  la luz del día  hacía un varapalo y dirán que por ser violentos. Por el contrario,  los imputados por estafas, al socaire de la Justicia, por tres euros, defectos de forma o porque los plazos de actuación de la justicia expiraron, se libran de los encarcelamiento y de la devolución de lo esquilmado; lo han venido haciendo impunemente durante decenas de años y, con su garduña en candelero, nosotros seguimos socializando sus perdidas y, restaurado el equilibrio de las cuentas,  les devolvemos el negocio  con la garduña consolidada.
             No se ve remedio a la situación que vivimos mientras no salga de la cómoda madriguera el español incógnito. Sin duda, gusta la corona de espina para nosotros y para ellos, la gloriosa del laurel. INJUSTO.



Los Negros
            Hubo  una época donde el combustible que alimentaba el egoísmo de los Mercados era la esclavitud, en particular la negra y había grandes tensiones en la vida ciudadana: los abolicionistas por un lado y los contrarios a ella. Las tensiones, entre unos y otros, llevo a los EEUU a la guerra de Norte contra el Sur. En este ambiente, 1864, Ferrer de Cauto: Comendador en la Real Orden Americana de Isabel la Católica, publica: Los Negros: como son, como se suponen que son, y como deben ser. Lo rescato de mi fondo de biblioteca y releo. En el, se pretende mediar en la contienda con el eufemismo de que la esclavitud no es otra cosa que “ el trabajo organizado de los negros” y para establecer la necesidad y valorar lo que pretende cuenta las indignidades de la vida en África;  llegando a afirmar que los nativos afilaban sus dientes para favorecer la practica del canibalismo, dejando en un cuento de hadas las atrocidades registradas en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, ambientado en el Congo  y me espanto de la lectura que hago, trasladando conceptos a la época que vivimos, de párrafos como el que sigue:
            A este proyecto –de mediación –se han de oponer, harto me lo figuro, dos grandes contrariedades que aparecen siempre en la historia del entendimiento humano como enemigas de toda reforma; a saber: la rutina y la duda, ó sean la preocupación y la desconfianza.
            Querer perpetuar y legalizar la existencia de un orden de cosas que parece contrario a la civilización del mundo y a los tratados vigentes entre naciones poderosas, é interesada además alguna de ellas en que el trabajo organizado de los negros de America se aniquile y extinga definitivamente, parece empresa superior al entendimiento de un solo individuo desconocido y oscuro. Así lo proclamará con desdeñosa sonrisa, estoy seguro de ello, la rutinaria preocupación del vulgo de los lectores; pero entre estos no faltara alguno que recuerde el origen de todos los grandes sucesos, iniciados casi siempre por nombres que nadie había pronunciado nunca.
            Para saber si una cosa es posible, basta examinar si es útil y si tiene visos de justicia; y esta novedad que ahora pretendo introducir no solamente es útil, sino es absolutamente necesaria: no solo tiene visos de justicia, sino que dentro de la moral social y de respeto internacional, no habrá sin ella legalidad posible.
            Los paliativos de que se suele echar mano para adulterar un acuerdo solemne, cuando se trata de halagar, por circunstancias transitorias, a una de las partes que lo han adoptado, no son otra cosa que la postergación de la verdad: la trasgresión del derecho: la prueba mas evidente del acuerdo sobre el que recaen no tiene por base la moralidad y la justicia en acepciones absolutas.
            Hoy,  quizás, no sea la esclavitud física la que genere los beneficios al Mercado, pero si la sustituimos por la “virtualidad de las financias” pudiera encajar el rompecabezas de la actualidad, al menos en su fenomenológica, en el texto que extraemos de Los Negros y una reflexión se merece el asunto, y cada cual la que advierta.
            1º- Se salio de aquel infierno de 1864 y fuimos al mas sofisticado de 2012, pasando avatares insufribles que supeditan la vida y los derechos ciudadanos a los intereses del mercado.
            2º-Para salir de este infierno que ya achicharra, si antes fue la redención del canibalismo, ahora es de antropofagia del futuro.
            Utilicemos para salir de aquí silogismos con premisas cuyas conclusiones no aboquen a otro infierno más, como en veces anteriores hicieramos, y podamos celebrar, de una vez por todas, el dos de diciembre el derrumbe de cualquier tipo de esclavitud o antropofagia, sea física o anímica.
             Reflexión y Acción antes de que Los Mercados publiquen un libro como este para la gente del siglo XXI.





¡Ay, la Gramática¡

            Hay misteriosas y mágicas sutilezas en el significado de las palabras y por tanto de los conceptos que con ellas se pretende armar; se  fabrican debates en el candelero del pensamiento o la política y duran días o  épocas y con la moda o con los tiempos, cambian; en este baile, la sociedad que las utiliza derrapa hacia  cunetas de la existencia de distintos valores y consecuencias. Los paradigmas se crean y se suceden sin solución de continuidad. En la actualidad el paradigma se debate entre la supremacía de lo político o lo financiero y el matiz del significado de las palabras juega su papel, sobretodo de las que, de alguna manera, pretenden definir el entorno de lo propio y la posesión, sea de derechos o bienes: Yo, tu, él ; nosotros, vosotros ellos. Mio, tuyo, suyo; nuestro, vuestro, de ellos y aquí el eterno conflicto. Si: yo, tu, él dan a lo colectivo una dignificación con “veleidades” hacia, nosotros, vosotros, ellos  y lo mismo ocurre en lo mío, tuyo, suyo respecto a lo nuestro, vuestro, de ellos. La vida, no cabe duda, se dulcificaría.  De lo contrario, si las “veleidades” derivan hacia lo inapelable del yo y lo mío, la crispación y el desasosiego se pondrán en boga y tomaran sentido frases de la astracanada: La maté porque era mía. Los matices juegan como juegan las actitudes que generan y estas son educables. La educación también juega en esta dicotomía de la veleidad de los vocablos, lo que ocurre es que la versión colectivista  no llega con la facilidad, claridad y determinaron al acervo educacional, como lo hace la de la inapelabilidad del yo y lo mío, que no necesita de un esfuerzo educativo para asentarse en lo intimo.Existen ejemplos a observar.
             En el grupo que hoy compite en Polonia por la copa europea de Fútbol y que tan extraordinario éxito ha traído, ha sido educado para el manejo del balón cuya propiedad se disputa hasta llegar a gol. Y a mi, lo que más me gusta es la finura con que desarrolla, durante el juego, el sentido y el concepto de lo propio y la propiedad. La Roja, como no podía ser menos, han encontrado el “nosotros” cuando el yo, ya no es suficiente y la propiedad colectiva del balón cuando la privada no tiene posibilidad de ser efectiva, pero lo maravilloso y difícil de explicar, es que nadie renuncia a su meritorio yo; causa mayor para el fracaso de lo colectivo: Por ello, perdió el comunismo, no supo dar salida a la personalización del yo. Y por tanto, en la Roja, he visto el mejor ejemplo de la cuadratura del círculo y del efecto de existo que trae una educación adecuada de los vocablos que pretenden expresar la propiedad.
             Esta muy arraigado “mi casa” para que el yo, tu, él, velen por nosotros, vosotros, ellos. Educación, Educación. Sin ella ET seguirá diciendo “Mi casa” y el yo de los Mercados se encargará de resolver a su favor  la lucha por el poder que vivimos en el paradigma de hoy ! Ay, la Gramática ¡


EL alcanfor


¡Uf! Que mañana. Me contaron las cosas de la noche y la vida se echo encima. Cuando oído lo que oí, mire el entorno y vi un país con Vida que unos venden y otros compran, ya valores, ya derechos, ya pócimas, ya bienes, ya….ya.. Y así hasta el infinito.
             Era corriente escuchar  “esto lo guardo para mañana”, ya fueran sentimientos, inquietudes o valores éticos o mercantiles y se aceptaba el sacrificio con la naturalidad de lo ordinario; si la decisión tomada evitaba vivir algo, la renuncia se guardaba en el arca de la generosidad o de la menzquidad, según del lado que se estuviera y las causas de lo canceres sin nombre se multiplicaban. Las herencias, llenas de reivindicaciones egoístas, se eternizaban. La intransigencia social, impidia la formación de nuevos estilos de familia. La inmutabilidad de los principios, encorsetaban el crecimiento personal. Vivir: era un trabajo más.
            Ahora, mucho,  de algo de todo esto, ha cambiado. La gente casi no hereda, los bienes se ponen al servicio de cada quien. Los del sur suben con cargas insoportables y casan con nativos a los que dan salida de su mundo insufrible, auque después, resuelto el porvenir, algunos, los abandonaran, no sin dejarles futuro que no tenían. Otros, ya desahuciados por la edad o las enfermedades, conviven con jóvenes cortos devenires acordados: “lo que dure duró” y viven; compran  y venden y, para ellos, se destapa el arca de la intransigencia, fluyendo la vida con todo su esplendor: padecimientos, frustraciones, pasiones y placeres se amalgaman par construir vidas que de otra forma habrían estado abocadas al silencio del autoexterminio.
            El país rebosa salud. La vida se va ajustando a la Vida y con el arca de la intimidad abierta,  los vapores sublimados del alcanfor  que la  eternidad del  conservadurismo rancio fue almacenándose en ella e impidiendo  el ser, se van disolviendo en el tiempo y el espacio para obviar su maléfico influjo y permitir el advenimiento de futuros antes inalcanzables. Ajustándose la vida a la realidad de la compraventa que se esta haciendo con el país, cuyas consecuencias están por ver y que, sin duda, no estará asfixiada por la atmósfera de alcanfor. Aunque suponga derribo y construcción, confío en la liberación del  padecimiento de la secular intransigencia del alcanfor y fluirá el futuro para resolver este atavismo que hoy nos sutura al pasado, impidiendo la Vida.
 Cosa así me contaron en la mañana de anoche: ¡a vivir sin alcanfor¡
  





LA DIGNIDAD DEL MENDIGO


Los tiempos de bonanza ya pasaron y no pienso escribir ni hablar más de ellos. Estamos entrando en la era de la mendicidad: Rajoy pidiendo clemencia a los mercados; Andalucía con alianzas, para gestionar lo mejor posible la miseria; la locomotora de nuestra economía, País Vasco y Cataluña, echas polvo y la banca en bancarrota. El tempos de los dimes y diretes en las tabernas, bares y redes sociales ya pasó; es la hora de aportar soluciones para dignificar en lo posible la miseria que hemos de gestionar en el próximo quinquenio y dar soluciones a los problemas que tenemos. No podemos ver, sentados, cómo se queman generaciones en la hoguera de los brazos cruzados. No podemos consentir la alocada carrera hacia la miseria de nuestros niños. No podemos consentir la derrota de nuestras vidas y ofrecer la rendición incondicional al neoliberalismo sin luchar y sin proponer remedios que  palíen y dignifiquen la mendicidad que se acerca.
De todos son conocidas las responsabilidades en la situación que nos ocupa. En primer lugar, la nuestra: consumidores compulsivos que abandonamos los limites del gasto y recorrimos la alegría del consumismo: coches, segundas residencias, viajes, colegios de pago... Segundo, los gobiernos: que, con la información exhaustiva que tienen del ciudadano y las entidades, no supieron ver la crisis que acarrearía las burbujas  y el consumo desaforado;cuando, por el contrario, saben elaborar calendarios y estrictas planificaciones de agenda en cuyo contenido  indican el día exacto que el sistema comenzará a crecer o el tanto por ciento de parados que tendremos el día de mañana.¿Esto qué es? Y la tercera: responsabilidades que competen por entero al sistema financiero que, por  una avaricia enloquecida, marketizó la banca, abandonando sus obligaciones ciudadanas, creando y potenciando necesidades de felicidades injustas e innecesarias para obtener beneficios desmedidos, hasta lograr que los perros se ataran con longanizas.
 ¿A dónde vamos?  ¿Qué hacemos con las causas de la crisis para evitar peores efectos de lo que ya padecemos, sobretodo la pérdida de generaciones enteras que arderán en la hoguera de los brazos cruzados? Pagar. Y este inevitable sacrificio es el que hay que gestionar bien para evitar la oscuridad de la miseria en cuyo arcón se guardan los desacuerdos para habilitar la convivencia.
 Para el pago de la deuda y, sobre todo de la interna, que es la que más preocupa, dejad que la administremos nosotros mismos. Ustedes, el gobierno, los bancos, etc...., ya tuvieron su oportunidad de gestionarla. Ahora en aras de la libertad sólo apoyen las medidas que cada cual considere para el pago de sus compromisos económicos, y obliguen a la banca  a aceptar los acuerdos que proponga cada ciudadano afectado —que pudieran estar refrendados por la inspección de hacienda—, evitaríamos muchos desahucios e impagos y posibilitaríamos mejorar los recursos familiares para atender a los hijos en su educación, salud y bienestar; obliguen a la dación hipotecaria; obliguen a aceptar moratorias que faciliten otros posibles pagos y por el tiempo que presumiblemente dure este estado de excepción provocado por la sucia guerra económica que ya han perdido. ¡Despierten, coño y dignifiquen al mendigo aunque siempre gane Alemania¡



Un antiguo domingo de mayo

     Al pie del impresionante Adarve que, circunvalando el casco antiguo de Priego, preside las tardías y escalonadas huertas delimitadas por grana­dos, entre el verde oscuro de las plantas dispuestas en hileras, asomaban tímidamente con su pelusa plateada las ricas habas de la comarca. Al fondo del paraje, más allá de las estrécheles del desfiladero de las Angosturas, se eleva, callado y erguido, uno de los muchos torreones medievales que, vigilantes y protectores de enemigos, modas o ideas, da sen­tido de frontera a uno de los más bellos rincones de la ancestral España. Contra el cielo limpio y ce­leste de este paisaje agreste se alzan, inestables, las columnas salomónicas que el humo de cohetes dejan antes de estallar.
            En estas fiestas religiosas de mayo, los estruen­dos se expanden por todo el valle de la Vega para anunciar la llegada del padre predicador que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno había contratado para la celebración de su novena. El orador no podía ser menos locuaz, ni más ba­rato, y tenía, con su diatriba, que ser más efectivo poniendo el vello de punta a los fieles que el de las otras hermandades que ya celebraron sus respecti­vas novenas en semanas anteriores. Para conseguir el objetivo, el Hermano Mayor, pagano de todo lo que acontece, rivalizaba con los otros hermanos mayores, en particular, con el de Jesús de la Columna, para ganarle en todas las cuestiones que pudieran tener valor de escaparate. Llegó a decirse de algún rico Hermano Mayor que había construido en su propia casa, para tales eventos, un cuarto de baño con mármoles y grifos de oro.
            Para colaborar con los extraordinarios gastos de estas antiguas celebraciones que, como promesa, el pueblo asumió en tiempos de epidemias, las gentes ofrendaban al santo de su devoción todo tipo de regalos que, entre la tarde y la madrugada del sá­bado, se subastaban en la placita aledaña a la igle­sia. De esta guisa se ponía de manifiesto, a través de la puja, el poder e influencia que cada cual tiene en lo social, en lo político y en lo económico; sobre todo, el Hermano Mayor. Para culminar, y como broche de oro de toda esta parafernalia sacro-polí­tica, se sacaba a hombros de cofrades, en ricos y engalanados tronos barrocos, la imagen titular de la cofradía, acompañada de la mejor banda de mú­sica militar que, para la ocasión, podía contratarse, y la que más fervor y adhesiones levantaba era la Legión. Con estas y otras manifestaciones cultura­les, el pueblo se dividía en dos bandos: los Nazare­nos, llamados berenjenas por los rivales, y los Co­lumnarios, a los que el bando contrario llamaba cebolletas, haciendo honor al color de sus túnicas.
            Mi familia era nazarena. Mi padre, más fervo­roso que mi madre, se desplazaba al pueblo desde cualquier destino para asistir a estas celebraciones.
            El año que nació mi hermano Jesulín fue muy es­pecial para él; le destinaron a Madrid como agregado al servicio de Transmi­siones del Ejército del Aire, con plaza de Teniente. Para celebrarlo, se trasladó al pueblo y, ante el magnífico retablo mayor de la iglesia de San Fran­cisco, dorado y barroco, adornado con especial iluminación y floreros de plata, redobló su fervor y penitencia, hincado de hinojos; elevó las plegarias al cielo, al son de las majestuosas notas que el maestro organista extrajo al antiguo órgano y, en­vuelto en una atmósfera espesa, aromática y místi­camente embelesadora, desgranó uno a uno todos sus pecados en solicitud de perdón y misericordia. Los cohetes con su estruendo interrumpieron la angustiada oración y anunciaron el final del Tri­duo. Salió por la puerta principal al Compás de la iglesia, donde corrillos de gente, elegantemente vestida de mantilla o traje oscuro, alababan y co­mentaban la elocuencia barroca que el predicador utilizó para poner el vello de punta. Apesadum­brado, sin saber a quien acudir para su consuelo, vagó solo durante un rato por el Adarve, hasta que el aire que baja de la sierra a refrescar la Vega di­sipó el angustiado recogimiento.





Los tuve, con esfuerzo los crié
Y a punto estuve de sucumbir.
Los medio eduqué
Y, por poco, casi desistí.
Los preparé para andar
Y, sin duda, de miedo tirité.
Los eché libres a volar
Y el corazón muy fuerte latió.
Los vi en el aire planear
Y con ellos hesité.
Los miré posados en la rama
Y  con placidez descansé.
Los nidos fueron construyendo
Y en lo poco ayudé.
Los vi crecer, volar, planear, comer
Y, cuando los hijos anidaron, entendí
Que yo, ya pudiera faltar de aquí
Y comenzar a vivir
 Lo que de mi dejó el amor que entregué


Viva la República

            Guardando la espalda del Monte Calvario, la sie­rra Tiñosa, siempre altiva y agreste, está embelleciendo el majestuoso vuelo de los buitres leona­dos y en el invierno, a veces, se engalana con un espléndido manto de armiño blanco, para acompa­ñar con su presencia los grandes festejos de las gentes que la habitan. En esta ocasión, lo hacía para festejar la despedida de la monarquía y cele­brar la aprobación de la nueva Constitución Republicana presidida por el que naciera en 1877, en la dieciochesca calle del Río: don Niceto Alcalá-Za­mora.

            En la escuela, tras el cristal de los ventanales, Ma­nolo que, por causa de la úlcera de estómago, estaba con permiso militar en el pueblo, esperaba la salida de los antiguos compañeros, y ocupaba el tiempo de espera en observar al maestro impartir todo lo que su magisterio sabía a los mozalbetes que, después de la dura jornada de trabajo en el ta­ller o en el campo, todavía tenían energía como para aprehender lo que explicaba. En la pizarra, las cuatro reglas aritméticas; en los ma­pas, las provincias de España; y en los textos, la dicción y reglas de la lengua. Pero aquel día la clase versó sobre la política y su significado cívico. El maestro habló de la obligación que se tiene de participar en la construcción del tejido social, para lo cual era necesario contrastar democráticamente los ideales que sobre la sociedad se tuviera. En particular, del sentido de la justicia que debía fo­mentar la equiparación de todos ante la ley. Habló también de la necesaria igualdad de oportunidades para acceder a la cultura, al trabajo y a la salud; machaconamente enfatizó sobre el respeto a los derechos humanos y antepuso a toda conducta, la honradez —que todo lo legítima— y la coherencia con uno mismo, proporcionando serenidad ante las muchas incongruencias que presenta la vida. Puso de ejemplo a don Niceto y preguntó a los doctorcitos:
            —¿Por qué circunscripción salió diputado don Niceto?
            Antoñico Rito, frotándose las manazas y titubeante, respondió:
            —Por Jaén.
            —No, por Jaén, no —replicó el maestro—. Tú, ¿qué dices? —preguntó al de los sabañones supu­rantes.
            —¡Por la Carolina! —respondió con firmeza.
            —De acuerdo. ¿Ustedes saben qué Ley de leyes se ha aprobado esta mañana en las Cortes?
            Todos corearon a la vez con rápida intuición:
            —¡La Constitución, la Constitución!
            —Cierto, cierto, y que Dios le dé luz y fortuna a don Niceto para guiar los destinos de España con esta nueva Ley de leyes, pues como orador y par­lamentario no hay quien le gane. Pueden ustedes salir.
            Salieron en tropel: los monárquicos de José Tomás Valverde y de Cruz Conde por un lado, y los seguidores de don Niceto, junto con los socialistas, por otro. Estos últimos, alborozados, querían ir al Centro Popular para manifestar y celebrar el acontecimiento.
            Manolo propuso a Antoñico pasar antes por casa del republicano Eulogio Gómez, donde trabajó du­rante algún tiempo de talabartero. Antoñico, que sólo por su corpulencia imponía respeto, indicando la dirección de la calle Carrera de las Monjas, con voz potente y decidida sugirió:
            —Vamos para el centro, pero haremos una pa­rada en casa de la novia de Manolo.
            Manolo, molesto por lo que su amigo había co­mentado, le reprendió en voz baja.
            —Antoñico, tú sabes que en casa de mi jefe no quieren que tenga relaciones con su hija Rocío. ¿Para qué dices esa mentira?
            —No seas tonto. Rocío está por ti. Lo que pasa es que lo de talabartero remendón no tiene porve­nir. Con uno como Eulogio ya tienen bastante en esa familia. Piensa lo que te digo. Ahora luces relu­cientes galones de militar; no dejes pasar la oca­sión.
            El grupo de compañeros anduvo por una calle amplia, con casas de gente de derechas, dominada por el ambiente que daba el trajín del Casino de los Señores, y al que las mujeres procuraban esquivar cuando iban a hacer la plaza. En esas fechas, las volutas de humos grises y espesos parecían envol­ver la hora solitaria y triste de las ánimas; les acompañaba el olor de la cebolla cocida, que más tarde se mezclaría con la sangre de los cerdos para fabricar la morcilla. No eran buenos augurios para el gobierno del Botas, como llamaban a don Ni­ceto. El Paseíllo, plaza aledaña a las Casas Consis­toriales, estaba húmedo y recubierto de escarcha resbaladiza, donde los enormes plátanos inverna­ban como no queriendo participar de tan singular día del republicanismo, que para siempre dis­tinguiría a mi pueblo de los del resto de España. Al­gunas gentes cruzaban el entristecido y melancó­lico Paseíllo, camino de la Alcaldía. Unos, envuel­tos en sus confortables capas españolas, y otros, en fríos trajes de patén gris que, para abrigarse, enrosca­ban a su garganta una ancha bufanda de lana y cu­brían la cabeza con una boina negra. Casi todos volvieron la cabeza para mirar al grupo de gozosos mozalbetes que pasaban con cuidado por la acera escarchada. Se miraron entre sí y, de repente, Manolo gritó:
            —¡Viva la República!
            El vaho que soltó al abrir la boca quedó en sus­penso, prisionero de la tensión que se creara en el yerto ambiente. Uno de los de la capa, con exagerados gestos, ordenó al municipal que estaba de guardia que disolviera tal marcha triunfal. Antoñico echó a co­rrer a la vez que, con media voz, proponía ir a casa de Alcaparrón. Todos le siguieron en la carrera, que duró tan poco como el caso que hizo el municipal al de la capa.
            Tranquilos, porque el municipal no les había se­guido, entraron en la taberna para quitarse las ti­riteras que traían metidas en el cuerpo, por culpa del frío y del susto que les dio el de la capa espa­ñola, y pidieron un chato de vino de los que Alcaparrón servía en vasos rechonchos de espeso culo de cris­tal. La taberna la constituían tres dependencias que, a la vez que se estrechaban, descendían hasta desembocar, por un destartalado cierre, a un dimi­nuto patio repleto de reclamos de perdiz. Era un bar donde la mayoría de las veces sólo se hablaba de perros, de liria para colorines y de escopetas. Pero, en esta ocasión, sus averrugadas paredes es­cucharon, sin sonrojarse, lo que los mozos discutían apasionadamente.
            Se sentaron con sus pesados vasos alrededor de una mesa camilla sin enaguas; en el interior ardía un brasero de picón enrojecido, al cual, de vez en cuando, se le echaba un puñado de granos de alhucema para embriagar aún más el ambiente. Cuando uno de ellos desenroscó la bufanda, des­cubrió una boca maltrecha por las caries y dejó ver unas orejas amoratadas y supurantes por los saba­ñones. Interrumpió con su aliento el tufo que des­prendía el brasero:
            —Manolo, por poco nos metes en otro lío. Ya se te ha olvidado que el cacique de Valverde nos me­tió quince días en la cárcel por gritar «¡viva Alcalá-Zamora!» Menos mal que los valverdistas han per­dido todas las canonjías e influencias del Gobierno para seguir haciendo sus tropelías. ¡Mira cómo han dejado el pueblo!, esquilmado de plata y patas arriba. Ahora, las trifulcas las proporcionamos en­tre nosotros, aunque estemos de acuerdo en el gobierno municipal.
            —También es necesario que se enteren de que hay mucha gente a favor de la República y de un gobierno del pueblo para el pueblo. Que se enteren de que no pueden hacer lo que les venga en gana —respondió Manuel.
            Antoñico, dando un golpe a Manuel en la es­palda que sonó como un tambor, le espetó:
            —Está bien lo que has dicho Manolo, yo tam­poco entiendo lo de la “Gracia de Dios” en ningún asunto. Mucho menos en el de la Monarquía. Pa­rece que los reyes sean legítimos hijos, sobrinos o nietos de Él. ¿Y los demás, qué? ¿bastardos?
            Un cuarto muchacho entró en la conversación y, como el que no dice nada, dejó caer:
            —Ahora los nicetistas siguen ignorando a los trabajadores socialistas para las listas de colocación del Ayuntamiento. Lo que hay que hacer es dejarse de tonterías y cambiar el reparto del pastel, porque a nosotros lo único que nos ha tocado es hambre y albarcas para los pies.
            Manolo, que no había probado el vino, le pasó el vaso al del pastel, a la vez que le contestaba:
            —Esto no hay quien lo cambie. Mejor es apren­der cuanto podamos, conseguir un buen puesto de trabajo y, desde ahí, procurar el cambio y un mejor reparto. Tampoco me gustan las albarcas. —Para mediar y apaciguar la discusión que se veía venir, continuó diciendo—, creo que los concejales repu­blicanos y socialistas se han puesto de acuerdo para crear una bolsa de trabajo para todos.
            Des­pués quedó pensativo, con la mirada en suspenso. Sin duda pensaba en lo que anteriormente le había dicho Antoñico acerca de su novia. Dando el último sorbo al chato de vino, ya de pie, Antoñico preguntó:
            —¿Te va bien en el Ejército?
            —Sí, he decidido quedarme definitivamente. Estoy harto de llevar y traer cinchas.
            Los demás callaron; meditaban lo que decía Ma­nuel y, Antoñico, más espontáneo, contestó:
            —No es mala idea para papear. Antes el Ejército que el Seminario. Es muy desagradable ir temprano a coger aceitunas para luego pasar hambre. La Co­misión del Jurado Mixto de Trabajo ha dictami­nado un sueldo máximo de cuatro con setenta y cinco pesetas y dicen los propietarios que ese jor­nal es insoportable. No tienen vergüenza.
            Dándose palmadas en el hombro, salieron de casa de Alcaparrón, no sin antes gritar:
            —¡Viva la República!