Cabañuelas para la política II

 ¿Quo ibimus?

            Cuando en agosto consulté el almanaque zaragozano para la Política, leí las premoniciones que auguraban para el año; no me dejaron duda alguna, sucederá lo innombrable, y lo innombrable aconteció, por decirlo suavemente, con la manipulación del valor democrático de la ciudadanía y en particular la pesoística por la defenestración del Sr. Sánchez, Secretario General de su partido. Pero la mayor atrocidad sucedió cuando invistieron al Sr. Rajoy de Presidente del Gobierno. Si, aquel que promocionó la miseria en España para engordar los beneficios del Ibex 35, que no sus  empresas. Aquel que, sin cal viva, inducia con sus leyes los suicidios, el hambre en los niños, la ignorancia en las escuelas, las injusticias en las vidas y los desacuerdos con su apisonadora parlamentaria. Aquel que lleno el país de camareros y quitaba y ponía estacionalmente por conveniencias mercantiles, mientras algunos con las cervecitas le reían las gracias votandole. Pues aquel, nombra ahora, que no tiene el juguete de la apisonadora parlamentaria, en su consensuado gobierno con el Cs y apoyado por del PSOE a de Guindos, que seguirá subiendo la electricidad y potenciando riqueza para la Merkel, a Montoro que seguirá con la SICAV al 1% de fiscalidad y amnistiando a sus correligionarios. Arreglará el problema del empleo la misma Fátima, la que obrará el milagro de limpiar la hucha de los pensionistas y, el paripé de la Justicia seguirá en manos del Sr. Polo que todos chuparemos con entereza y fruición.

 Las cabañuelas se han vaciado por completo y vamos camino de los Reyes Magos: Zoido hará de Melchor y nos atizará con la Ley Mordaza y la Comunión de los Santos como caramelo. La Sra. Cospedal, como Jefa del Ejército, le regalaran por mediación de Baltasar, muñecas y peluches; será prospero su mandato con un embarazo, si está aún en vigor. De Guindos insistirá y hará de Gaspar, el rico por germano,  que salvará Deustch Bank de la quiebra con nuestro empobrecimiento y en aplicación del famoso art. 135 que tanto le gusta al PSOE y, como dijera D. Alejandro al Cacerolo en la novela “Calibos de Hoguera”: “qué te voy a decir que tú no sepas”. ¿Quo ibimus? ¿A dónde vamos?.





Matemáticas y subconsciente

Hace un tiempo decía que no le quitasen la esencia a la maravillosa, fértil y cruel disciplina de la Matemática, pues nace de la más sutil eseidad que nos distingue del resto de la naturaleza y la crueldad de su dificultad nos indica que no solo emana del razonamiento, que facilitaría su comprensión, si no que proviene de regiones del subconsciente que aún nos son ajenas y sugerí a los interlocutores que no la maltrataran pues son un fiel reflejo de nosotros mismos.
Hoy, por el mismo medio que me llevó a esta percepción me llega la noticia de que el japonés Michizuki ha resuelto la conjetura “abc” ; sucintamente dicho, trata de dar respuesta a la expresión a+b = c, números enteros positivo divisibles por  grandes potencias de números primos y no me sorprende que matemáticos de la talla de Dimitrov comente al respecto: “ Las construcciones son generalmente claras, muchos de los argumentos se pueden seguir hasta cierto punto, pero la estrategia general sigue siendo totalmente escurridiza para mi” o este otro comentario: “ Michizuki emplea una serie de ideas y métodos desarrollados casi en completo aislamiento durante veinte años y que resultan incomprensibles para el resto de sus colegas. La comunidad científica no podía aceptar ni rechazar su demostración. La Conjetura estaba en el limbo”

El limbo es una zona expansiva  del subconsciente infinito. ¿Tengo razón?.



Cabañuelas para la política
            Mi amigo Zuri, empeñado en poner en valor el Almanaque Zaragozano para predecir el tiempo que en el futuro nos acompañe: agua y no siendo yo de menor humor que él, me propongo sondear desde los eventos políticos de agosto el clímax que disfrutemos para el tiempo político venidero. Son tantos los eventos a tener en cuenta, que no siendo como Fraga al que en la cabeza le cupiera el Estado, a mí me sobrepasan, y con humor negro y escepticismo enumero para motivar conclusiones posibles.
Si bien el sistema “político- financiero” está tan embrollado y ciego por esquilmarnos  que hasta el rey pasa de evacuar consultas. Hay tal animadversión entre los primeros espadas; tanto desencuentro, tanta teatralidad y tanta presiones que disfrutaría  de esta  astracanada, si no fuera porque incide negativamente en el  vivir diario y futuro de la juventud.
Las cabañuelas de agosto  han ido notificando  eventos diarios que sorprenden. Un día que el Corte Ingles no paga impuestos de sociedades, otro: que el corrupto Soria se enaltece en el Banco Mundial junto a la sobrina de Guindos; en el siguiente que los bancos rescatados con dinero público obtienen pingües beneficios que no revierten al tesoro. Hacienda no ve posible la recuperación de lo amnistiado, la justicia paripea con la corrupción… ¡cómo van a abandonar tantas y tantas regalías ¡ Rajoy insistirá.

Por otro lado, despiden en un solo día a miles de trabajadores, proponen sueldos de 400 € con decenas de hora de trabajo, otro día de cabañuelas suspenden camas hospitalarias, al siguiente dan la pensión al discapacitado yerto y más adelante….más sacrificios y no se mueve una hoja. Sin embargo, se suspende de empleo y sueldo  a periodistas como Belin o Aguilar que nos informan de estas realidades o se denosta de militares democráticos como Julio. Algo pasa que con el astracanismo ocultan, cuando vierten sin cesar  al público: Rajoy o el infierno o cuando proponen personalidades pactadas para jefe de gobierno: preparación y sofismas para ejercer lo innombrable. 


Un prisma para luz blanca

Como la luz blanca y pura que emana del foco Sol y al pasar por el prisma se descompone según su longitud de onda en siete colores, desde el rojo al violeta, siendo ambos el de mayor y menor energía respectivamente. También las huellas del espectro pueden  acumularse  en torno al azul o al rojo según el foco se aleje o acerque al observador  o, la falta de alguna de ellas, indicarnos la composición química de su naturaleza o del medio que atraviesa. En definitiva, estudiando el espectro podemos deducir el comportamiento y naturaleza del foco de luz. Igual pude sucedernos con la ciudadanía y la política si sus anhelos, necesidades e ilusiones  - luz blanca-  pasan por las urnas. En este caso, se descompone según educación, principios, e intereses que en ese momento fermenten en el seno de la sociedad y del resultado del espectro, tras su estudio, extraer consecuencias de la naturaleza del foco o del futuro vivificante que le aguarda y la velocidad a la que nos alejamos o a cercamos a él.
En estos tiempos que la huella de nuestro paradigma se acumula sobre  el azul cielo, principio del engaño y corrupción, indica un aumento geométrico de la velocidad que aboca con pasmo de la ciudadanía  al agujero negro de la miseria y dependencia, a  pesar de que de la mayoría de las rayas del espectro se capte la necesidad de honradez y dignidad en torno al rojo y al violeta, pero la aquiescencia de las interpretaciones sesgadas no contemplen esta posibilidad y nos proponen una terceras elecciones que deshonrarían a  quienes no las evitaran; ¿De los políticos? ¿De los ciudadanos? ¿Del bipartidismo?, quizás sí. Pero no, es para  honra y dignidad de la ciudadanía que busca  decencia, democracia, consenso para el Gobierno y la honradez de las Instituciones como base imprescindible para configurar el futuro vivificante de la nueva “luz blanca”. No hay miedo. Pasar otra vez por el prisma electoral denotaría, en cualquier caso, un celo por la honradez y la dignidad de un pueblo que rechaza la legitimación de una corrupción endémica e inasumible y denigraría, aún más, a la parte “azul cielo” del espectro político hallado.




Oído el parche
Oído el parche que la derechona mediática propaga por sus medios de comunicación  a los cuatro vientos -que son casi  todos- para salvaguardar una España, protegida bajo las faldas de la abuela Merker, donde solo hiede la miseria humana y sus beneficios; he concluido mi intuición política porque la del “raciocinio” la dejo para los ilumninados analistas cuyo mantra es “dejar gobernar al Rajoy”.
Rajoy, padre divorciado de España, ha potenciado una familia desestructurada de la que la diversidad, con fuerza centrípeta, quiere escapar; pretendiendo gobernar lo que ya le es adverso por su incapacidad para conceptuarlo, no tiene biorritmo biológico para ello. Pretende ocultar la corruptela de un pasado- presente que se arropa bajo el manto de faldas protectoras  y del bipartidismo electoral acorado en la traca del 78 donde la participación ciudadana perdió sus papeles.
Para alcanzar los objetivos, sabía bien que con la imagen pública de corrupción que tiene, no alcanzaría la mayoría absoluta para gobernar; acudió al Ibex35 para que financiara Ciudadanos y se le asigno lavar la cara de Rajoy. Para ello, aprovechando el desacoplamiento entre Ciudadanos y Podemos, promocionados como regeneradores de la Democracia, conscientes de que Podemos no entraría al trapo de Psoe-Ciudadanos, construyeron con el pacto el dique a lo contrario que propalaban: Regeneración y vino el ascenso electoral de Rajoy, por suerte no fue lo suficientemente potente para tener mayoría absoluta, a pesar de que la esponja de Rivera ya había lavado los zoomorfismos patrios del PP: paso de buey, ojo de halcón, diente de lobo y hacer el bobo. Sus sí pero no, son los mismos: si pero no, del del PP. Y ahora el nudo gordiano de las terceras elecciones, como buenos estratega se lo pasan al Psoe  en aras de ese bipartidismo 78  acordado. Solicitando su abstención imposible. Claro está, si  quiere redimir su pasado: cambio, sin refrendar, del art 135, reformas laborales, privatizaciones varias, puertas giratorias…Y lo que es más, la atención necesaria que le solicitan los hijos rebeldes del bipartidismo y la crisis, que quieren ya tener su propia casa lejos de esa familia desestructurada y decadente de siglos para propiciar la diversidad pactada, moderna y adecuada que de sustento a una nueva forma de entender España y contrarrestar el neoliberalismo que nos acorrala con guerras financieras, cercenamiento de derechos y temores apocalípticos .
¿Qué hará el Psoe? ¿Pondrá en valor su Izquierda Socialista o mantendrá los acuerdos del bipartidismo78? Según qué decida alentara el futuro de los españoles o nos hundirá por décadas en la miseria electoral acordada por las élites. Lo que está claro es la necesaria presencia activa de la ciudadanía en las Instituciones estatales, autonómicas y locales que controlen las decisiones. Sin ella la vida se avendrá a pan y agua en  calabozos deshumanizados e irreversibles en tiempo.

Lo que lían, con lo fácil que lo tienen: Un paso al lado de Rajoy y tendrían Gobierno.




Ellas

Entre lamentos él miraba el cielo y el firmamento oyó el clamor; escuchó los latidos descompensados del pecho y envió de las Perseidas estrellas fugaces en su socorro. Una, dos y hasta más de tres acudieron al conjuro, refulgentes, osadas y parpadeantes y, cada una, con su alma de misterio. La primera, la más  bella de todas, rayada por el dogma, firmaba con AMD, obedecía los preceptos eclesiásticos y pasó de largo buscando áureos  tálamos; no le interesó los descompensados latidos que escrutó. La segunda, no menos bella, buscando la seguridad que no encontró, se refugió en silencios obsesos y también con el tiempo se diluyó el amor. Más tarde, la tercera llego plagada de sonrisas, buscando afecto que tampoco encontró, solo le entregaron una libertad y seguridad como prenda de unos sentimientos que no comprendió y, sumida en la soledad de su heredad, sucumbió entre enredos del consumo y ahí la felicidad trotando escapa.
Cuando ya las estrellas fugaces dejan inapetentes los conjuros y liberan de las pasiones al sujeto de los clamores, ya tarde, se va comprendiendo lo que atrás se dejó y en ese trance, bajo la deliciosa sombra de silencios rotos por los jilgueros, lentamente fue concluyendo que el espíritu femenino caído del cielo estrellado se va consumiendo en su fecunda inseguridad, mientras desgarra la sana ironía de vivir feliz. 

  Calladas las cigarras y cuando la tarde se despide, cerraba el cuento de las risas que vierten lágrimas y nunca acaban de cruzar la distancia entre las sombras del sueño y  la luz del día; nadie podía llegar a una conclusión sin que ella no lo hubiera hecho con anterioridad; siempre tejía la vida de los otros desde su telar. Diluía su ser en un litro de agua y su poema pasaba a artículo que diluía en diez litros de agua y convertía en novela innecesaria, sin llegar a entender que revoloteamos como hojas en el viento y nadie sabe ni le importa donde caemos, ni sobre las aguas de qué rio vamos flotando. Y ello es consecuencia de que la Ciencia no quiere saber nada de la Nada; de ella venimos con ilusiones intactas para empapar la esponja con que lavar la vida de batallas cruentas y de antemano perdidas, una tras otra, hasta agotar la esencia que otorgo la Nada que da la vida.






El nuevo siglo


                        Hace años comenzó el siglo nuevo, siglo XXI y apareció la aurora con los quebrantos y exterminios, aunque plomizo el día por la pesadez de las luces del amanecer,  me hizo meditar, de lo primero que tomo conciencias es que el día trata de ser lunes, después que es enero y más tarde que se inicia el Año Nuevo; los pensamientos comienzan a agitarse como torrentes de agua turbia y se viene encima el nuevo milenio: lunes, Año Nuevo, se estrena siglo y milenio. Se reinicia todo, como si el Cosmos quisiera resetearse y nosotros con él, me pregunté: ¿Comenzará algo nuevo? Nunca creí en ello. La existencia es un continuo discreto y si se quiere cuántico, lo digo por aquello de “las sorpresas que da la vida”, aunque en realidad no son tales, en el fondo son efectos de situaciones no percibidas.    Del torbellino de pensamientos, sedimenta uno fantasmagórico que me llena de satisfacción: sentirme libre de endeudamientos con el “Todo”. Esto es, con la banca, que desde hace treinta y tres años me prestaba y desvalijaba para permitirme vivir algunos visos de lo que pretendía. Treinta y tres, también significa el final de Otro que en el ripio de la historia subió al Padre y descansó. Otro reloj de la vida que se puso a cero con consecuencias inconmensurables.
                        Ya disfrutaba con la liberación de los Bancos y pensé: ¿No me habré caído del caballo en una encrucijada de caminos? ¿Habré visto la luz?

                        Pasaron los años y llegó la prejubilación,  cayendo sobre el nuevo estado todo el peso de la protección social de nuestros mayores. Primero la estafa de los bienes tangibles que esquilmaron lo que se había ahorrado, después el engaño de las aportaciones de cuya factura no se hace cargo quien debiera. Finalmente, la puntilla de la crisis que ya  apuntaba con las primeras estafas y, aunque a  esta edad, lo económico es lo de menos, pues con cualquier cosa uno se avía. Pero en el crisol de esta etapa se cuece la existencia  que lentamente va derivando hacia la exclusión social y la desesperanza, sobre todo, cuando lo ves alrededor y al expandirse por  los entresijos de la sociedad, va afectando a las relaciones humanas que junto a la miseria y penuria desatan los desacuerdos guardados en el arca de la intimidad que facilita  la convivencia y con su deterioro, el soporte del país, lentamente, se va trasformando en un queso gruyer sin consistencia: la ética, las actitudes; hasta los sueños de amistad se resquebrajan. La desconfianza se va apoderando del sentir ciudadano, oscureciendo el futuro que transmuta en miedos vitales de consecuencias muy notorias e impredecibles y hoy los vivimos.



¡Ay compañeros!

Ahora que me siento incapaz de ver la realidad del país desde la razón, como si desde el glaucoma la advirtiera, acudo a la intuición para encontrar el antídoto del estrés que a ratos me envuelve por las manchas observadas sobre la realidad que se me antojan ocasionadas por un pasado que no se determina a ir.
 Por un lado, la derecha tramontana -arriba - cegada por la avaricia de la íntima corrupción está imposibilitada para encontrar aliados de gobierno y por tanto descartada, ya que, quienes le reemplazan y que en su día alimentaron una civilizada derecha ilusionante van desembarcando en más de lo mismo, envueltos en enredos calumnia e insultos que no digieren y se contentan con el quince por ciento de aquellos de arriba.
 “Abajo”, un Psoe inmovilista, incapaz de desmontar puertas giratorias y asumir propuestas populares que le sobrepasan; después de ciento treinta y siete años de hegemonía progresista, comienza a dejar ver una debilidad “ficticia” que no sabe resolver su elite, obcecada de bipartidismo, cuando el pueblo llano que les apoya lo tiene meridianamente claro. La debilidad que les ofusca les ha llevado a una dicotomía fácil de resolver si miran a los de “abajo”.  Si no aceptan gobernar con Podemos, en el mejor de los casos, serán oposición del PP y si encima quedan como tercera opción política, inducirá un desmembramiento inasumible en el partido por los quebraderos de cabeza que provocara a sus gentes y al país. Si quedan segundos, tampoco llegaran a la Moncloa. Por el contrario, si al mirar hacia la izquierda – abajo – y explícitamente admiten gobernar con Podemos habrán superado la  debilidad abriendo las puertas que al día de hoy están bloqueadas, como pueda ser que muchos de sus votante, que apoyan a Podemos, le devuelvan la confianza y evitaran ser tercera opción con todo lo que pueda suponer. Rota la cadencia devastadora de la merma de votantes que aboca al “sorpaso”, por más que digan que no les importa el séptimo círculo del averno político; lo que está lejos de sus cualidades para digerirlo y evitar la necrosis de  parte de su íntima esencia.
Vale la pena evitar la gangrena que se nos viene encima y soportar el mal menor de aceptar a la ciudadanía de Podemos que no solo dignifica democráticamente, sino que como fruto da la Moncloa.

 Nuestro País se merece mejor política y democracia.



La Hidra de Lerna

Desde Hesiódo, que los dioses y los seres mitológicos griegos participan en las pasiones e historias de los humanos mezclándose en su vivir, interviniendo en toda clase de imaginaciones, tragedias u orgias y hoy, en época de tribulaciones, bajan de la mitología con lo peor de su esencia para avasallarnos con lo que aquí acontece hoy y ahora.
Euristeo, el manigero de la época, encargo diez trabajos a Heracles y el segundo se trataba de matar la hidra de nueve cabezas que habita en el lago Lerna y que hoy atenaza a Hispania, expandiendo su vaho de adormidera venenosa entre sus gentes para esclavizarlas. Cada cabeza de la hidra resuma una especie del aliento pócimo: una fomenta el paro, otra la desigualdad, la más vieja la pérdida de memoria histórica. El aliento de la más joven impulsa la emigración, la sabia destroza la educación; la equilibrada rezuma los derechos democráticos aniquilados, la del fuego aligera los desahucios, la de colorines daba pábulo al hambre de los niños y la inmortal inducia los suicidios. Viendo Heracles, el de la coleta, que al cortar con la espada la cabeza de los desahucios de inmediato se regeneraba con más vigor, acepto la ayuda de Yolao que siempre ofrecía su brazo izquierdo para los trabajos que encargaba Euristeo e inspirado por Atenea, la diosa de la sabiduría, cauterizo la nueva decapitación; viendo el éxito obtenido, continuaron el trabajo hasta cercenar la cabeza inmortal de la hidra que enterraron bajo una pesada roca.

Heracles siguió ejecutando los encargos de trabajo hasta que murió víctima de celos, pues Deyanira le empapó la túnica con la sangre venenosa de Nero achicharrándole el cuerpo, con los que los humanos perdieron a un gran garante de la ciudadanía. Pero antes limpió, en un solo día, los establos de Augia en Hispania como exigiera Euristeo en otro de los trabajos encargados.



15 de febrero 1952, Priego de Córdoba

Queridos amigos:
El 15 de febrero, con las espesas y grises nubes aun durmiendo sobre las cumbres heladas de la Tiñosa, los cuchicheos de las bandadas de trabajadoras que van a las fábricas textiles se centraron sobre el Instituto que, al mediodía de hoy, iba a inaugurar el Gobernador Civil. La alegría que manifestaban por el suceso terminó en lamentos cuando una muchacha joven, procedente de la aldea del Castellar, anunció que un hombre de edad madura se había ahorcado en un olivo en el paraje de las Rentas, a causa de su soledad.
                              Llegado el mediodía, también en bandada, todas las autoridades locales —a excepción del tan esperado Gobernador Civil, que incumplió su compromiso— recorrieron las calles principales del pueblo, hieráticas, circunspectas, con chaquetas blancas, repletas de bandas y condecoraciones, y ajenas todas ellas a los dramas ciudadanos del amanecer. A las puertas del palacio de don José Castilla, la comitiva se dividió en dos, para ascender por cada uno de los tramos laterales de escalera que daba acceso a la magnífica puerta principal. Por un lado, subieron los mandatarios del Régimen: el Alcalde, con aspecto de zar y que, con su flamante medalla de caballero de la Orden de Cisneros y el bastón de mando, más bien parecía dirigir una banda de música de tanto como gesticulaba. Tras él, su delfín, como buen bufón, se ocupaba de la Comisión de Ferias y Fiestas. Por el otro tramo, lo hicieron los directores de los tres institutos laborales existentes en la provincia y, el más orgulloso, era el nuevo profesor de Matemáticas, que ya había anunciado en el semanario El Adarve su disponibilidad para dar clases particulares. Cuando terminaron con los comentarios y admiraciones sobre las escalinatas de mármol, las cortinas de terciopelo rojo y el patio de quinientos metros cuadrados donde se izarían las tres banderas del Régimen, subieron al suntuoso comedor, que hacía las veces de salón de actos, y al concluir  los intercambios de elogios de los discursos grandilocuentes, ya estábamos aterrados por tanta parafernalia. Paulinito y Jiménez se arrebujaban contra mí y yo contra ellos, y nos mirábamos atónitos por lo que se oía. Con cada uno que intervenía nuestro pavor aumentaba. El más antiguo de los directores terminó el acto, diciendo:
                              —¡Formaremos buenos vasallos para servir al mejor señor, el Caudillo!
                              El Director de Priego, superó en gloría al de Puente Genil:
                              —¡Se formará a los muchachos a fin de que sean de Dios y salven a España! —y terminó gritando con el brazo en alto—, ¡Viva Franco! ¡Arriba España!
                              El poeta pontanense, Alcalde de Priego, enaltecido por el éxito, de pie y gesticulando, como siempre, con el bastón de mando:
                              —¡Que sepan a la vez rezar y conservar la fortaleza necesaria para empuñar las armas en defensa de la fe!
                              Jiménez, el menos impresionado, nos murmuró:
                              —¡Aquí nos van a enseñar a guerrear bien! —pensaba en la Cubé donde culminaban las guerreas.
                              Don Gregorio —el nuevo profesor de Matemáticas— que nos vio cuchichear, nos miró con cara de pocos amigos llevándose el índice a la boca.
                              Y el exuberante Alcalde, concluyó su alocución:
                              —¡Ya que teníamos un buen señor, El Caudillo, hacía falta crear unos buenos vasallos que le sirvieran! 
                              Satisfecho, el Párroco, sonreía.
                              Cerrado el acto, nos dejaron jugar en el patio, mientras las autoridades tomaban un refrigerio. Habían podado las palmeras y Jiménez fue el primero que, a modo de jabalina, hizo volar las hojas  por los aires del recinto. El resto de los alumnos le imitamos y, por fin, tuvimos nuestra fiesta de inauguración del Instituto Técnico: Fernando III, en un día de contrastes para la conciencia.

                              Atentamente.




El tío del vinagre

     Entramos en el portal de la casa que hacía de tienda donde se apilaban rollos de cuerdas, sacos de cereales o pequeños barriles de carburo; los escobones y las albarcas colgaban del techo. Los toneles de roble que contenían el vinagre estaban anclados a la pared, y delante de ésta, un altísimo mostrador de nogal por el que asomaba la gorda cabeza del bajito y rechoncho Tío del Vinagre. Tan pronto nos vio entrar, nos dijo que nos pusiéramos a la vera de uno que quería probarse unas albarcas hechas de restos de ruedas de coche.

            Mientras esperábamos el turno, observamos atentos al hombre que estaba sentado sobre un saco de cebada y vestía unos pantalones de patén, descoloridos y remendados. Lucía en el antebrazo un brazalete negro, y el rostro, además de estar muy ajado por el sol, denotaba resignación. Desanudando las cuerdas se quitó los trozos de gomas con las lañas de metal reventadas; después desenredó unas ven-das de lienzo renegridas por la tierra y el sudor. Cuando destapó los dedos, entre el pulgar y el índice, del negro barro que los embadurnaban asomaron semillas de cereal totalmente germinadas. Con el dedo índice rebañó la masa maloliente y, cimbreando la mano, la lanzó a la calle. Relió en el pie los mismos trapos y se probó las albarcas. Cuando pagó al Tío del Vinagre, entregó por las compras un saco de garbanzos. Yo le pagué el real, y en un papel amarillento de estraza él me lió habilidosamente la achicoria. Sin dejar de mirarme, me preguntó si era hijo de la viuda. El Rubio y yo no dejamos de mirar al hombre que, con su burro, se alejaba lentamente calle abajo, mirándose los pies. 




La Dieta

Hay noticias de que en Siria las personas comen ya raíces y hojas de plantas que encuentran por los caminos de huída de la barbarie que les han organizado. Las crueles imágenes que nos llegan de los desventurados cuerpos dañan los ojos hasta nivelarlos con el alma constreñida, que también pretende escapar de esta humanidad que denosta y así ocurre, uno tras otro,  a cuantos tropiezan con esta realidad que comenzó en el “día de la ira” en un marzo de dos mil once por la represión de las manifestaciones antigubernamentales del 26 de enero anterior. Son más de doscientos mil muertos de Bashar Assad y aliados en casi mil ochocientos días que llevan de tragedia y me vino a la memoria imágenes extremas de la dieta que consumen.
 En la ciudad de Yamaga, abolido desde el siglo IXX por el gobierno Japonés – el sokushinbutsu -, buscaba la budeidad en tres mil seiscientos sesenta y cinco días, si  conseguían momificarse en vida y, para ello, depositaban en la posición del loto al interesado en el fondo de un pozo,  respirando por una caña de bambú. En los primeros mil días lo alimentaban con frutos secos y nuez moscada, en los mil siguientes con raíces, corteza de pico y té, venenoso, de urushi, para matar cuanto gusano le habitara y, cuando la campana de diario dejaba de sonar, sellaban el pozo y aguardaban otros mil días para abrirlo, ya la tumba, y si se había momificado la persona pasaba a los altares de budismo.
No pienso que los sirios de Madaya pretendan subir a los altares; más bien, me inclino a pensar que esperan lo que ya Calderón de la Barca nos propuso en su obra “La vida es sueño“

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.
Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.









Las gachas con tostones

Hablaba de gente del Clan de la Tortilla, sí de aquél que jugó de malo izquierdo con González y que hizo política de pábulo a la ciudadanía para que votase al socialismo rescatado de las garras del Pablo Iglesias del siglo IXX y del marxismo para propiciar una Transición bipartidista que obvió los chuzos de la reforma administrativa y, por ello, llegaron a “encalar” sepulcros, aunque haya que reconocerles la modernización de España sin tocar a fondo el concepto de nación; aún no saben que este país es un arabesco de encontrados colores como dijera en otra ocasión. Con el tiempo, los agujeros negros del bipartidismo excluyente junto a la anuencia de la dinámica electoral que les protege, nos han llevado a una época de desigualdades y miseria en la que se han destapado todos los desacuerdos que se custodian en el arca de la concordia mientras los movimientos ciudadanos intentan sustituir el bipartidismo rampante, que alocadamente apoyado por medios mediáticos y analistas de dudosa estopa, se han lanzado a desprestigiar la movida ciudadana que, solo pretende reconvertir los desacuerdos del arca en pactos de paz para convertir el obsoleto bipartidismo en participación democrática, igualdad y justicia, generando la suficiente empatía que cierre de nuevo el arca de convivencia, las puertas giratorias y la barbarie de la corrupción. Pero, el que fue Clan de la Tortilla  y que hoy disfruta de prebendas que  propició   su bipartidismo, denosta de lo nuevo, con lo que la tortilla de ayer cocinada con el calor de la ciudadanía y al amor de la lumbre, hoy cuece en la vitro cerámica al amor de las eléctricas y del gas natural. Los del Clan han envejecido y en la entropía de la vejez ya son gachas con tostones y, desdentados políticamente, no podrán tragar la vianda y el nuevo arabesco de España seguirá adelante a pesar de la rémora que suponen. La vejez es dura, lo saben, aunque para ellos menos y  propalan para asustarnos que los nuevos “tomaran las armas”. Más bien deberían leer a Cervantes y decir lo que en  el testamento de Don Quijote, refiriéndose a Sancho, le dice:”Y si como, estando yo loco, fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de trato lo merece.”

Frases de ayer para Rajoy

Hoy, en este trance de traspaso de los poderes del Estado y que vivimos dentro de  la neblina de los desacuerdos sublimados del arca de la conciliación, me vienen a la memoria añejas frases de una época ya olvidada por muchos “Aquí quien no es tonto es un pillo ”. Le dijo Rubio-Navarro a Areilza y, mientras siguen los intentos de formar un gobierno, la dinámica de la negociación, junto las actitudes que se observan en el Jefe del Ejecutivo y otros, también me llevan a recordar los caracteres zoomórficos de la época anterior y que el falangista Girón sintetizó: paso de buey, ojo de halcón, diente de lobo y hacer el bobo. Sobre todo cuando Rajoy declina el ofrecimiento de Rey a configurar el gobierno, aplicando  el paso de buey a los anhelos de los ciudadanos. Su ojo de halcón para vislumbrar mejores oportunidades de nombramiento por el desgaste del resto de las opciones e hinca el diente de lobo al Psoe y Ciudadanos para someterlos a  políticas dudosas en los pactos de su egocentrismo. En la espera, hace el bobo con su agenda libre de compromisos. A cambio los ciudadanos siguen sumidos en la caridad para poder comer, cercados por la corrupción y el paro; por los desahucios, la violencia de género, el suicidio y la emigración. La discrepancia se destapa y las relaciones de la vida e incluso en la escuela se deterioran en los lodos de la misería. Los interés particulares toman vuelo y el queso gruyere de país  se va debilitando. Hay que desactivar el zoomorfismo que nos inunda y canto antes mejor.

            Y como le dijera Carrero a López-Rodó “hay que ver lo que le cuesta a este hombre parir”.
de RRG


La noche de dios
La cultura en España, cerradamente unitaria, nos ha dejado mutilados de nuestra mayor riqueza: la diversidad, y el daño se ha hecho desde la escuela primaria donde se propició que éramos una unidad de destino en lo universal cuando se debió enseñar que, si somos una unidad, sería coexistente a la diversidad fecundísima. Y como consecuencia del error, hoy vivimos la pavorosa incertidumbre de los políticos y analistas mediáticos que esparcen con su ventilador sobre la ciudadanía cuando meridianamente se les demanda un cambio, una transformación hacía la diversidad. Entre tanto, se debaten en un marco numérico que no serán capaces de cuadrar para organizar gobiernos. Lo que vivimos  políticamente no es un estadillo de cifras en el magma de una unicidad cultural, ya volatilizada del interiorismo ciudadano y expresado en urnas,, se trata de interpretar conceptos y en particular el de la diversidad que define a España.
 Así las cosas, los más listos de la clase que han leído lo del nudo gordiano de Alejandro Magno, que liberó el carro de Gordino cortando con la espada el nudo que lo fijaba y conquistó Asia. Han propuesto la nominación de un presidente independiente dando un hachazo a la cuestión y les recuerdo que Zeus aprobó la solución de Alejandro. Pero si no parece bien esta solución, como diría el humorista, tengo otra que quizás sea mejor. Si en esta noche de dioses se acostaran menos borrachos los políticos y pensaran dónde está la España de hoy, seguro que con la honradez que se le supone, olvidaran los cencerros de la unicidad y junto con la natividad divina alumbraran la solución que de paso a lo que realmente importa y se necesita. Donde quepa que, si Barcelona es la antena que comunica con Europa, lo que capta, Madrid lo eleva a la categoría de acontecimiento nacional.
De otra forma se enredaran en lo de siempre: castellanismo o mediterraneidad, noventayochismo con su carga de anarquismo de vago idealismo o modernismo de estética funcional que obvia al vulgo municipal y espeso, como dijera Diaz- Plaja, y no lleguen a nada plausible, terminado en más de lo mismo.
Que la noche de dios nos de inteligencia, prosperidad, salud y facultades políticas honradas para salir de esta.

                            Feliz Navidad


Los otros

          Nacer, desarrollarse y morir es inherente  a cuanto existe y especialmente en los seres vivos, y ¿por qué no, en lo social? No veo causa para que esto no ocurra: se evoluciona y los principios que rigen una época dejan de serlo para dar paso a otros paradigmas. Así pues, el paradigma de la Transición, hoy en boga, también debe de ajustarse a esta fenomenología: comienza en el golpe de estado de 1936, se desarrolla en el seno  del Ejército y la Iglesia del Nacional-Catolicismo y su declive se inicia con  la Constitución del 1978. No importa mucho si cuanto digo es causa de controversia, lo acepto. Lo que importa es como se ha sentido la gente de esta época y me consta que el dolor y el sufrimiento  marcaron indeleblemente muchas vidas. Les aniquilaron  ilusiones y proyectos  con seres queridos que, un día sin sentido, perdieron. Estos Otros son lo que me preocupan. Esos, que por su condición no tienen aún apologistas, ni tienen historiadores. Sí, a aquellos que han sido ellos mismos sus apologistas, sus siquiatras y, con ese bálsamo de Fierabrás afrontaron las dificultades  y con su yelmo de Mambrino se protegieron de los golpes por los cuales mueren, o mejor, no viven: les hablo de los que se educaron en el crisol del Franquismo, de los que por nada de valor los sacrificaron socialmente, cuando se les privó de ser ellos mismos por designios de una falsa ideología que propicio la hipocresía, la calumnia, la reprobación de sus vecinos y las estafas y, en muchos casos, el secuestro de los hijos.
          Quiero, hoy, recordar al que todavía lucha con sus propias dudas en la más estricta intimidad para superar educación y paradigma tan decadente y cruel, y, aun hoy, en el vaho de su aliento  se respira dictadura.
          Cuando ellos superen este sufrimiento y  el vaho que exhalen sea  rocío de la aurora, entonces y sólo entonces, habrá acabado la Transición.
          Para ellos estas páginas en las que, a modo de pinceladas de recuerdos de un niño, pretenden transmitir una imagen impresionista de lo que fue la posguerra y esa dictadura franquista.
    Algunos párrafos de la obra que pretendió llamarse: Franco, mi padre se asomaron por Internet y rápidamente le escribieron a la hija del dictador unas memorias con el aludido título, por lo que estas, las mías, lo harán bajo el epígrafe: Calibos de hoguera.

                                                                                       El autor


Colegio de La Inmaculada (año 53)
España en Metáfora
              
El recreo había comenzado y cada uno buscaba a sus compañeros de juego. Yo aún no los tenía, de modo que me acerqué con timidez al moro, con la intención de preguntarle por lo que le había dicho el Pájaro. Estaba con Felipe y con Rey contando las balas que había en la caja de lata, y no me atreví a preguntar nada. Pero se me ocurrió decirles:
                              —¿Vamos a explotarlas?
                              A todos se les iluminó la cara y preguntaron al unísono:
                              —¿Cómo?
                              La soledad con la que sobrellevaba el primer día de internado y la timidez con la que me había manifestado desaparecierón de mi estado de ánimo, y enseguida contesté:
                              —Enterramos la bala y, sobre su mixto, ponemos una puntilla. Después cogemos un peñón y nos subimos, para protegernos, en la tapia que linda con el manicomio, y lo dejamos caer sobre la cabeza del clavo. La puntilla machaca al mixto y la bala explota, por lo que el balín penetrará en la tierra húmeda y no hará daño a nadie.
                              —¡De acuerdo! —respondieron todos a la vez.
                              —¡Sé dónde hay una tabla con puntillas! —dijo el moro.
                              Felipe nos dio tres de sus balas y cada uno hizo explosionar la suya. En cada lance, apretábamos los dientes con el corazón encogido, y las balas, una a una, fueron soltando su mortífera carga de plomo sin causar daño a nadie.
                              Don Justino —el capellán— sacó de entre la sotana la pelota y la pasó a otro de su equipo, para hacer la pared que evitara a la defensa contraria. Pero allí estaba el hábil Tití que la interceptó. La pisó y, sobre ella, giró en un ángulo suficiente como para esquivar a don Justino que, ante su fracaso, la perseguía. Cuando Amaro le había ya burlado, centró el balón a un compañero que sólo tuvo que empujarla para dar con ella en la puerta de hierro que hacía de portería. Los que contemplaban el partidillo de fútbol aplaudieron a rabiar, no por el gol, sino porque don Justino no se había salido con la suya. Lo consideraban un tramposo y no por lo sermones, sino porque escondía la pelota y la verdad bajo la sotana. Le gustaba vivir y se delataba cuando miraba con deseo concupiscente a las sirvientas del comedor, sobre todo a la gobernanta. Ya durante la misa nos lo había dejado dicho:
                              —¡Haced lo que os digo y no lo que hago, porque yo también soy pecador!
                              Mientras los equipillos se reorganizaban para sacar de nuevo la pelota, Rey le contó a Amaro lo de las balas, contestándole rápido para que le dejara en paz:
                              —¡Sí, sí, sois cojonudos!
                              Amaro sudaba y, mientras jadeaba, el aliento le emanaba por la boca en forma de vapor; en ese momento sólo le interesaba vigilar a don Justino, que era el peligroso del equipo contrario.

                              Los vascos jugaban al frontón con las durísimas pelotas que se confeccionaban liando hilo de algodón alrededor de una pequeña piedra heñida por las aguas que, cuando alcanzaba el tamaño adecuado, forraban con esparadrapo de la enfermería; los de Castilla jugaban a la taba y el que hacía de rey se comportaba a través del verdugo peor que el Pájaro; los andaluces y extremeños conquistaban con el hinco de hierro la isla que se les ocurría trazar en la arena. Cada vez que lo lanzaban contra la tierra y lo clavaban en el suelo, dibujaban el desplazamiento de su barco, que unas veces era cuadrado, otras en triángulo y otras en forma de pez. Y así, durante los recreos, el esplendoroso patio representaba la amable convivencia entre todas las nacionalidades que los Reyes Católicos lograron unificar bajo su yugo y sus flechas, y que lindaba al norte con el manicomio, al sur con la casa de putas de Villa Rosa, al oeste con el propietario de la fábrica Viguetas Castilla y al este con la capilla de la Iglesia. Cuando el timbre sonó, se desvaneció el encanto de los juegos y del patio, donde se fraguaban los sueños de la vigilia con los que se soportaban los días del interminable internado de una España sin definir.
Fotografía de J. Luis Hidalgo
La trilla

     El cansancio del día ocasionaba largos silencios y sólo el rumor de las hojas de los olivos se hacía oír, cuando la brisa de la tarde azotaba el campo. Las nubecillas ocultaban de vez en cuando a la luna menguante y al lucero del alba que la acompaña. Envuelto en la manta, contemplé el firmamento durante toda la noche y sólo a ratos dormitaba. Los demás luceros y el camino de Santiago, junto a las constelaciones de las osas, parecían fulgurar por última vez, y el cielo adquiría una profundidad que hacía intuir un infinito inobservable y maravilloso. José yacía roncando a mi lado, y con la manta cuartelera se había enroscó a la escopeta de dos cañones. Su compañía me llenaba de confianza y los temores que llegaban del firmamento sólo me ocasionaban un placer extraño.
            Las bestias, cansadas de tirar del trillo, babeaban espuma y, en las últimas vueltas, el grano asomó tímidamente de entre la paja. Yo, de pie y agarrado a la cintura de José, sentía el temblor de la circular carrera en mi aturdido cerebro y, embriagado, pedí más velocidad. Los sacos de trigo se iban llenando con la fanega, los celemines y los cuartillos. José, mojando la punta del lápiz con la lengua teñida de azul, apuntaba la cantidad en un papel de estraza amarillo.
            —¡A la paz de Dios! 
            Esto sonó como un trallazo y todos cesamos nuestras faenas: José dejó de arrastrar sacos, el Zambo soltó el escobón, María salió de la casa y la vieja paró de quitar chinchorros al perro, a mi madre se le cayó al suelo la aguja de croché y yo solté las tomizas con las que ataba los sacos. Todas las miradas se dirigieron al camino donde comienza la era. A media voz, a José se le escapó el saludo:
            —Buenas tardes.
            Una pareja de la Guardia Civil, como siameses, con el tricornio asentado en la cabeza hasta la sien, y los avisperos al hombro apuntando al cielo, introducían el dedo pulgar entre la correa del subfusil y la axila y, sobre el brazo libre, colgaba un pesado capote; los últimos rayos de sol acordonaban con aura dorada toda la obediencia incondicional que les habían inculcado. Anduvieron unos pasos y sus rostros impenetrables comenzaron a distinguirse:
            —Tú, larguirucho, saca unas sillas y el botijo, que vamos a descansar un rato —exigió uno, y se sentó en el muro que separa la era del olivar.
            El otro se acomodó en la silla, cerca de la puerta y, mientras contaba unas balas, interrogó:
            —Tú te llamas José y tu mujer María, ¿es así?
            —Sí señor. Para servir en lo que guste.
            —Y eres de Moclín, ¿verdad?
            A José se le puso la cara del color de la cera y observé cómo le temblaban las manos. Mi madre se levantó de la silla y me tomó de su mano que también le temblaba. El guardia que estaba sentado sobre el muro y no se perdía un detalle, montó el arma y la acarició sobre su regazo, como una madre hace con el hijo.
            —Sí, somos de Moclín.
            —Y tienes un hermano que desapareció al final de la guerra, ¿no?
            —Sí —contestó José a secas.
            El guardia terminó de contar los cinco cartuchos y, con parsimonia, los iba introduciendo en el cargador:
            —¿Te acuerdas de un vecino tuyo que respondía por Fito? ¿Cuánto tiempo hace que no lo ves? —concluyó de meter las balas y se puso en pie.
            María agarró del brazo a José y se quedó a su lado totalmente intimidada; él, tras poner la mano sobre el hombro de María:
            —Tenía más o menos catorce años la última vez que lo vi. Me dirigía a la feria con mi padre.
            María, haciendo pucheros, se aferró a José fuertemente; temía por un fatal desenlace. El guardia, de un tirón, la apartó de él, y alzó la cabeza para mirar a José a los ojos:
            —¡Responderás ante la autoridad competente por el asesinato de Fito! —y le cerró las esposas.

            La vieja, mi madre y María lloraban y yo, indignado, ayudaba al Zambo a recoger los enseres de la trilla. Por el camino que parte de la era perdimos de vista a José, escoltado por dos seres tan simétricos que hasta sus capas se mecían al unisono. 


A la hora señalada por los relojes al unísono, comenzamos a saltar la tapia de uno en uno, con el mayor sigilo po­sible y, cuando el taxi arrancó, nos pareció que dejá­bamos atrás todo un futuro posible; la vigilancia era estrecha y cabía alguna posibilidad de que un inci­dente delatara nuestra ausencia. Aun así, la marcha del taxi parecía lenta para nuestro propósito de bai­lar, por encima de todo, con las amigas de Morera que nos esperaban en su casa.
            La puerta del piso se abrió y Morera nos recibió, como a compañeros escapados de un campo de concentración que él conocía bien, y nos hizo pasar al salón. Un calorcillo de bienestar nos invadió los sen­tidos, mientras las tenues luces indirectas dejaban intuir, entre sofás y espléndidos cojines dorados, las siluetas soñadas durante las noches de los prece­dentes días. El silencio producido hizo que nos mirásemos unos a otros, y cada cual evaluó sus posibilidades. El contraste entre la elegancia de los vestidos de ellas con nuestros deteriorados y malolientes uniformes de sarga gris era tan brusco, que intuí que nos echarían a la calle de inmediato. Pero no les importó. Sonaba con fuerza el tema What`d I Say, de Ray Charles y algunas de ellas se lanzaron a bailar, con un ritmo desmesurado y sensual, aquellas notas vibrantes y entrecortadas de unas vocales que se expandían sueltas y armoniosas por el ambiente de la sala, mientras nosotros las recogíamos como un deseo a conseguir. Las formas de la chica se escapa­ban de entre nuestros brazos como el agua de las palmas de las manos al enjuagarlas. Transpuestos por los sensuales sentimientos, volvíamos a recobrar la esperanza de tocarlas en la nueva repetición de la rima; y así, una y otra vez, hasta que sonó la hora de partida. Fueron dos horas intensas, durante las cuales se habilitó la posibilidad de alcanzar un cielo en la tierra del destierro: ellas, de militares fornidos y nosotros, de sutilezas femeninas.

            La operación de regreso fue un éxito y, sin incidente, nos sentamos en la capilla para la letanía del santo rosario que, en esta ocasión, se fue desgra­nando para varias vírgenes, jóvenes y bellas; su­pongo. Fue mi caso.



Feminidad política


Hace meses que no escribo, aunque las ideas llegan con nitidez, repetitivas  y desesperanzadoras; los argumentos también lo hacen, diáfanos y contundentes: incontestables, pero el pulso lánguido no retuerce la pluma inerte con la fuerza necesaria para doblegar la hoja en blanco y pergeñar algo sinceramente alentador. Cuanto concibo es lo que otros perciben y publican, dando cuenta de una execrable realidad que nos quieren adjudicar los profusos informantes mediáticos y sólo la intuición me libra de cuanto dicen, por lo que mi realidad es más la de una España intuida que la de la profanada  que divulgan. Por ello, barrunto que la política se ha "feminizado", es mas de bonos que de balas y la crueldad que genera también es más sutil; los muertos no sangran, vomitan. Los territorios no se conquistan se esclavizan y lo que antes era por huevos ahora es por ovarios. Los americanos mandan cohetes y los alemanes bonos de deuda y, ya hay brotes verdes, pronto terminará esta guerra civil europea y de ahí saldrá nuestra nueva soberanía. Solo son intuiciones.


¿Qué amor?

Te sientes estúpidamente romántico y tomas el lápiz, el lápiz, con un sentir difuso raspea el papel. Mientras, la imaginación profundizaba en los recuerdos que la vida ha sedimentado en la memoria, no sabiendo bien si como realidad o ficción deseada; lo cierto es que se te antoja pensar que tanto el amor como la honradez  o cualquier otro “principio activo” para vivir están sujetos a los cambios que la experiencia dicta para modelar el ser que somos, cambios que te van ayudando a construir conceptos sobre belleza, gusto, empatía o el sexo; también del amor, la generosidad o el miedo y cuyo magma determina la argamasa de  quienes somos.
            Recuerdas cuando el padre te encerró en la cochinera por jugar en el portón a los médicos con las amiguillas de comba, descubriendo el sexo o cuando te castigó por olvidar en las paramos  la sillita azul de mimbre de tu hermano porque Isabelita te embriago con aquellos ojos azules que hacían juego con el vestido, descubriendo la belleza. En ese tiempo la conquista de la feminidad se traducía en destrozos de ventanas, puñetazos determinantes o secos saltos inimitables para los demás niños y mostrar así tus mejores cualidades. Aunque el rol del sexo está ya patente en la existencia, lo que en esa temprana edad verdaderamente remueve el ánimo para la conquista femenina, no es otra cosa, que la armonía de la belleza y debió tener su culmen en un vestido suelto, blanco y rayado de rojo que proponía en bordado sobre el pecho, J.L y el amor, desde este preciso momento, toma categoría de  nombre propio para trenzar con lo platónico; dura años, hasta que el ideal enlaza  las manos alargadas, suaves y delicadamente blancas que te hacen caminar decenas de kilómetros hasta encontrar la hospitalidad de su casa de verano donde renuncias para siempre del conejo con tomate. Desde entonces profesas amor al encanto que no siempre se materializa; comienzas a entender que sin la libertad con que ella se maneja no habrá  amor, y con estos parámetros de sexo, encanto y libertad que cada una de ellas fue aportado, caminas  arrastrándote por  las aguas revueltas de los sentimientos amorosos, hasta que la necesidad imperiosa de practicarlo empuja al error de tomar el remanso de la ley y el orden, donde la estabilidad que la mujer proporciona se va dilapidando y diluyendo en un anarquismo egocéntrico y el amor, ahora, rebaña en lo lúdico hasta extenuar la entrega que los egoísmos consumen y aniquilan, dando paso al último estertor del sentimiento que ya pudiera albergar los antídotos de las causas que fueran destrozando la sincera búsqueda del motor que inventas para vivir: belleza, empatía, entrega y libertad y este amor que en la virtualidad fermenta no será otro que el de otra mujer situada  al final de la esperanza, aguardando con la guadaña para llevarte al Cosmos del Amor sin respuesta, que incondicionalmente ella te profesa y entrega.

 AMOR
Sexo envuelto en negra esclavitud impuesta.
Romántico sentimiento de temprana herencia
Que perdido en el tiempo no da respuesta.
Centro de la existencia confusa y extraña,
balsa para la agreste e inevitable travesía,
que siempre está al final de la esperanza.
Cuando se da, pronto en el anhelo se esfuma
 y  la dulce felicidad, trotando, escapa.
 En la rueda de la vida da rápidas vueltas
esperando la fuerza centrípeta y misteriosa
que en tierra fértil lo deposite.
Sólo el sol radiante  y la humedad necesita
para germinar con ímpetu y tierna tesura.
¡Amor, amor¡
Meconio de vasto efecto, que transportas
a la  relajada placidez, sin saber por qué.
Y cuando consumes el fruto maduro de su flor
Disipa  la pétrea realidad y en la balsa

te arrulla para poder flotar y navegar.


Los intelectuales

Sentemos y partamos de que no soy de esa apreciada “raza”. Si acaso, un día entendí algo de las Matemáticas y, a modo de presentación, diré que mi abuelo fue buen zapatero y mi padre mejor militar sin academia y que la política no me gusta, pero la necesito entender como vía para alcanzar la felicidad en la sociedad humana que se debate por su existencia en el proceloso y desregulado mar de la vida. Por tanto, lo político, el político sin propiciar ese atisvo de felicidad para soportar la vida no son nadie y, en este sentido, con sus maléficas vicisitudes, ZP intentó ser político aunque los intelectuales le denostaran, vapulearan y ridiculizaran. Hoy, otra vez, están en la palestra forzando y zarandeando a Podemos, que quizás yo ni les vote, pero tienen temperamento, tienen proposiciones y suya es la transversalidad y la participación ciudadana en la política que busca felicidad a través de conseguir la plenitud de los Derechos Humanos y se les debe respeto; desde el ser al estar, desde el individuo a sus circulos y desde la inacción a su ejercicio.  Como se puede comprender, dada las vivencias políticas de esta época, ni la metodología, ni los objetivos que  mueven a los de Podemos tienen que ver con los que caracteriza a los partidos políticos de la cajonera de siglas que pretenden llegar a la Moncloa. Como dice Monedero: “no se puede mezclar el agua con el aceite”; con lo que los intelectuales vuelven a confundirnos al pedir la fusión de siglas. Deben elevarse sobre la realidad para llegar a lo abstracto del concepto político actual, que es muy sencillo: no hay política, la política ha dejado de existir, al menos en Europa. Sólo hay una batalla más cruenta aún que las sanguinarias guerras por lo sofisticado del continuo sufrimiento que produce el firme pisoteo de los Derechos Humanos que hoy practican la política y los políticos.

Si los intelectuales quieren la fusión de siglas que vayan a la transversalidad, renuncien a su ego, potencien a Podemos y arreglen los muchos defectos que éstos tienen, pero guerreen sin discusión por los Derechos Humanos, que es lo que se pisotea en esta Derrota Cívica.